Mosaico decorativo

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  • Dicen a los videntes: No tengáis visiones, y a los profetas: No profeticéis la verdad para nosotros: decidnos cosas seductoras, profetizad ilusiones; (Isaías 30, 10)

  • Pero el Señor espera la hora de otorgaros su gracia; por eso se levanta para apiadarse de vosotros, porque el Señor es un Dios de justicia; felices los que en él esperan. (Isaías 30, 18)

  • El Señor dejará oír su voz majestuosa y manifestará su brazo amenazador, en el ardor de su ira, en la llama de un fuego devorador, en una tempestad de lluvia y de granizo. (Isaías 30, 30)

  • Pues desde hace tiempo está dispuesta en Tofet, preparada también para Moloc, una fosa honda y ancha, llena de paja y leña; el soplo del Señor, como un río de azufre, la prenderá. (Isaías 30, 33)

  • De terror se desvanecerá su roca, y sus jefes, espantados, desertarán de su bandera, dice el Señor, que en Sión tiene su fuego, y su horno en Jerusalén. (Isaías 31, 9)

  • golpeaos el pecho por los campos risueños, por las fértiles viñas, (Isaías 32, 12)

  • Pues el palacio está desierto, el bullicio de la ciudad ha enmudecido, el Ofel y la torre de guardia se han convertido para siempre en cavernas, en solaz de los asnos salvajes y pasto de los rebaños. (Isaías 32, 14)

  • Felices vosotros, que entonces sembraréis junto a todas las aguas, dejando suelto al buey y al asno. (Isaías 32, 20)

  • No habrá habitante que diga: "Estoy enfermo"; y el pueblo que vive en Jerusalén será perdonado de sus culpas. (Isaías 33, 24)

  • Allí morarán los sátiros, y no existirán más sus nobles; no será proclamado ningún rey, y todos sus jefes desaparecerán. (Isaías 34, 12)

  • Ya no habrá allí león, ni bestia feroz pondrá los pies; sólo los redimidos caminarán por él. (Isaías 35, 9)

  • Luego mandó al mayordomo de palacio Eliaquín, al secretario Sebná y a los ancianos de los sacerdotes, vestidos de saco, donde el profeta Isaías, hijo de Amós. (Isaías 37, 2)


"O Senhor se comunica conosco à medida que nos libertamos do nosso apego aos sentidos, que sacrificamos nossa vontade própria." São Padre Pio de Pietrelcina