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por tu gran habilidad en el comercio has aumentado tus riquezas, y tu corazón se ha engreído por tu opulencia. (Ezequiel 28, 5)
En Edén, jardín de Dios, vivías. Innumerables piedras preciosas adornaban tu manto: rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra de ónice, jaspe, zafiro, carbunclo y esmeralda; de oro era el borde de tu manto, de oro las incrustaduras, todo a punto desde el día en que fuiste creado. (Ezequiel 28, 13)
haré regresar a los cautivos de Egipto y los volveré a la tierra de Patrós, a su país de origen, donde formarán un reino humilde. (Ezequiel 29, 14)
Quedarán como un desierto entre tierras asoladas, sus ciudades serán del número de las ciudades desiertas. (Ezequiel 30, 7)
Esto dice el Señor Dios: Tenderé sobre ti mi red, una manada de pueblos innumerables; en mi red te sacarán a tierra. (Ezequiel 32, 3)
Abatiré a tu población innumerable por la espada de guerreros, todos ellos los más feroces de los pueblos; aniquilarán el orgullo de Egipto y será exterminada toda su población. (Ezequiel 32, 12)
Caerán en medio de los atravesados por la espada. La espada está entregada: desplómese Egipto con toda su muchedumbre. (Ezequiel 32, 20)
Si, por el contrario, el centinela, al ver que la espada se acerca, no da la alarma con la trompeta y el pueblo no es prevenido, y la espada, irrumpiendo, hiere a alguno, éste perecerá por su culpa, pero de su sangre pediré yo cuentas al centinela. (Ezequiel 33, 6)
Hijo de hombre, di también a la casa de Israel: Así andáis diciendo vosotros: Nuestros delitos y nuestros pecados pesan sobre nosotros y por causa de ellos nos consumimos poco a poco. ¿Cómo podríamos vivir? (Ezequiel 33, 10)
Tú eres para ellos como una canción de amor, graciosamente cantada con acompañamiento de instrumentos de cuerda. Escuchan tus palabras y no las ponen en práctica. (Ezequiel 33, 32)
Pero cuando todo esto se cumpla -y esto ya llega- sabrán que había un profeta en medio de ellos". (Ezequiel 33, 33)
Haré brotar para ellos una plantación gloriosa, no serán más consumidos por el hambre en el país, ni sufrirán más el ultraje de las naciones. (Ezequiel 34, 29)