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Sus súbditos le dijeron: "Mira, hemos oído que los reyes de la casa de Israel son reyes clementes; deja que nos pongamos sayales en los lomos y sogas al cuello y salgamos ante el rey de Israel. ¡Quién sabe si nos perdonará la vida!". (I Reyes 20, 31)
Y propuso a Josafat: "¿Quieres venir conmigo a atacar a Ramot de Galaad?". Josafat le respondió: "Tú y yo, tu pueblo y mi pueblo, tu caballería y mi caballería son una misma cosa". (I Reyes 22, 4)
Los vecinos de la ciudad dijeron a Eliseo: "Mira, en esta ciudad se vive bien, como mi señor ve; pero las aguas son malas y esterilizan la tierra". (II Reyes 2, 19)
¿No son acaso el Abana y el Farfar, los ríos de Damasco, mejores que todas las aguas de Israel? ¿No me podría bañar en ellos y quedar limpio?". Dio media vuelta y se fue muy indignado. (II Reyes 5, 12)
Y él respondió: "No temas, pues son más los que están con nosotros que los que están con ellos". (II Reyes 6, 16)
Entonces tomaron cada uno su propio manto, los tendieron a sus pies sobre los desnudos escalones, y al son de las trompetas gritaron: "¡Jehú es rey!". (II Reyes 9, 13)
El centinela que estaba sobre la torre de Yezrael vio venir la tropa de Jehú y dijo: "Diviso una tropa". Jorán ordenó: "Toma un jinete y mándalo a su encuentro, y que pregunte si vienen en son de paz". (II Reyes 9, 17)
El jinete fue a su encuentro y dijo: "El rey pregunta si venís en son de paz". Jehú respondió: "¿Qué te importa a ti la paz? Ponte a mi retaguardia". Y el centinela notificó: "El emisario ha llegado hasta ellos, pero no vuelve". (II Reyes 9, 18)
Jorán envió entonces un segundo jinete, el cual llegó y les dijo: "El rey pregunta si venís en son de paz". Pero Jehú replicó: "¿Qué te importa a ti la paz? Ponte a mi retaguardia". (II Reyes 9, 19)
Joás dijo a los sacerdotes: "Todo el dinero que traigan al templo del Señor: el dinero de cada israelita empadronado, el dinero establecido por el rescate de las personas y todo el dinero que cada uno tenga a bien traer al templo del Señor, (II Reyes 12, 5)
Piensas que los planes y la fuerza para la guerra son sólo cuestión de boca. ¿En quién has confiado para rebelarte contra mí? (II Reyes 18, 20)
Hijos de Seír: Lotán, Sobal, Sibeón, Aná, Disón, Eser y Disán. (I Crónicas 1, 38)