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Cuando los sacerdotes salieron del santuario (todos los sacerdotes presentes se habían purificado sin distinción de clases), (II Crónicas 5, 11)
Salomón había levantado en medio del atrio una tribuna de bronce de dos metros y medio de larga, dos y medio de ancha y uno y medio de alta. Se subió a ella, se arrodilló, y mirando al cielo, con las manos juntas oró así en presencia de toda la comunidad: (II Crónicas 6, 13)
Los sacerdotes asistían en su ministerio y los levitas tocaban con los instrumentos musicales del Señor, que había hecho el rey David para acompañar las alabanzas del Señor: "Porque es eterno su amor". De esta manera ejecutaban las alabanzas de David. Los sacerdotes sonaban frente a ellos las trompetas mientras todo Israel estaba en pie. (II Crónicas 7, 6)
Salomón consagró también el centro del atrio, que estaba delante del templo del Señor, pues allí ofreció los holocaustos y las grasas de los sacrificios de reconciliación, porque el altar de bronce hecho por Salomón era pequeño para tantos holocaustos, ofrendas y grasas. (II Crónicas 7, 7)
Balat, todas las ciudades almacenes que le pertenecían para los carros y la caballería; hizo todo lo que quiso en Jerusalén, en el Líbano y en todo el territorio de su jurisdicción. (II Crónicas 8, 6)
Salomón ofreció entonces holocaustos al Señor sobre el altar que él había levantado delante del atrio, (II Crónicas 8, 12)
Entonces Salomón salió hacia Asiongaber y Elat, a orillas del mar, en el territorio de Edón. (II Crónicas 8, 17)
La reina de Sabá tuvo conocimiento de la fama de Salomón, y fue a Jerusalén para ponerlo a prueba con enigmas. Iba revestida de poderío y seguida de una gran caravana de camellos cargados de aromas, oro en abundancia y piedras preciosas. Se presentó a Salomón y le planteó todo lo que pensaba. (II Crónicas 9, 1)
Hizo también un gran trono de marfil y lo recubrió de oro puro; (II Crónicas 9, 17)
Tuvo la sagacidad de repartir a sus hijos por todos los territorios de Judá y de Benjamín y las ciudades fortificadas, les dio abundancia de provisiones y les procuró muchas mujeres. (II Crónicas 11, 23)
Roboán murió y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David. Le sucedió en el trono su hijo Abías. (II Crónicas 12, 16)
Jeroboán no recobró ya su poder durante la vida de Abías. Finalmente, el Señor lo hirió y murió. (II Crónicas 13, 20)