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Y limitando con Judá, desde la frontera oriental hasta la occidental, estará la porción que reservaréis, de doce kilómetros y medio de ancha y de larga como una de las otras partes, desde la frontera oriental hasta la occidental; en medio de ella se levantará el santuario. (Ezequiel 48, 8)
Comprenderá la parte del territorio sagrado reservada a los sacerdotes: doce kilómetros y medio hacia el norte, cinco de ancha hacia el oeste, cinco de ancha hacia el este y doce y medio de larga hacia el sur. En medio se levantará el santuario del Señor. (Ezequiel 48, 10)
Así les corresponderá una porción tomada sobre la parte santísima del país, junto al territorio de los levitas. (Ezequiel 48, 12)
Los levitas tendrán, como el territorio de los sacerdotes, una parte de doce kilómetros y medio de longitud por cinco de anchura. En total tendrán en su territorio una longitud de doce kilómetros y medio por una anchura de diez. (Ezequiel 48, 13)
Lo que quede a uno y otro lado de la zona sagrada y de la posesión de la ciudad pertenecerá al príncipe; su porción se extenderá así a lo largo de los doce kilómetros y medio de la zona sagrada al este, hasta la frontera oriental, y al oeste a lo largo de los doce kilómetros y medio, hasta la frontera occidental; esto para el príncipe, en correspondencia con las demás porciones. Así en el medio estará la zona sagrada y el santuario del templo, (Ezequiel 48, 21)
entre la posesión de los levitas y la de la ciudad y entre la porción correspondiente al príncipe, la cual se encuentra entre el territorio de Judá y el de Benjamín. (Ezequiel 48, 22)
En todos los asuntos que requerían sabiduría e inteligencia sobre los que el rey interrogó, los encontró diez veces superiores a todos los magos y adivinos que había en su reino entero. (Daniel 1, 20)
Entonces Daniel habló sabia y prudentemente a Arioc, capitán de la guardia real, que iba a matar a los sabios de Babilonia. (Daniel 2, 14)
Dijo a Arioc, plenipotenciario del rey: "¿Por qué un decreto tan tajante de parte del rey?". Arioc explicó la cosa a Daniel, (Daniel 2, 15)
Después Daniel se presentó a Arioc, a quien el rey había encomendado el exterminio de los sabios de Babilonia, y le dijo: "¡No hagas perecer a los sabios de Babilonia! Llévame ante el rey y yo le daré la interpretación". (Daniel 2, 24)
Arioc se apresuró a llevar a Daniel ante el rey, y le dijo: "He encontrado un hombre entre los deportados de Judá que puede indicar al rey la interpretación". (Daniel 2, 25)
Daniel le respondió: "El misterio que el rey quiere saber no hay sabios ni magos, adivinos ni astrólogos que se lo puedan acertar. (Daniel 2, 27)