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Y con la plata y el oro que os sobre, haced lo que mejor os parezca a ti y a tus hermanos, conforme a la voluntad de vuestro Dios. (Esdras 7, 18)
y los mandé al jefe Idó, en Casifías, y les indiqué lo que debían decirle a él y a sus hermanos, establecidos en Casifías: que nos mandaran ministros para el templo de nuestro Dios. (Esdras 8, 17)
Y gracias a la ayuda bondadosa de nuestro Dios, nos trajeron a Serebías, un hombre prudente, descendiente de Majlí, de Leví, de Israel, con sus hijos y hermanos: dieciocho personas en total; (Esdras 8, 18)
Escogí a doce jefes de los sacerdotes, a Serebías y Jasabías, y a diez de sus hermanos; (Esdras 8, 24)
A pesar de todo, ahora el Señor nos ha concedido la gracia de dejarnos un resto y de darnos un asilo en su tierra santa. El Señor ha iluminado nuestros ojos y nos ha dado un respiro en medio de nuestra esclavitud. (Esdras 9, 8)
que nos habías prescrito por medio de tus siervos los profetas diciendo: El país que vais a ocupar es un país inmundo por la inmundicia de las gentes del país y las abominaciones de las que le han llenado de un extremo a otro con su impureza. (Esdras 9, 11)
Ésta es la relación de los miembros del sacerdocio que se habían casado con mujeres extranjeras. Entre los descendientes de Josué, hijo de Yosadac, y entre sus hermanos: Maasías, Eliezer, Yarib y Guedalías. (Esdras 10, 18)
Jananí, uno de mis hermanos, llegó con algunos hombres de Judá. Yo le pregunté por los judíos, los supervivientes salvados del destierro, y por Jerusalén. (Nehemías 1, 2)
El sumo sacerdote Eliasib y sus hermanos los sacerdotes se encargaron de construir la puerta de las Ovejas; la armaron y colocaron sus hojas. Reconstruyeron también el tramo hasta la torre de Jananel. (Nehemías 3, 1)
A continuación sus hermanos: Binuy, hijo de Jenadad, jefe de la otra mitad del distrito de Queilá; (Nehemías 3, 18)
diciendo en presencia de sus hermanos y de los magnates de Samaría: "¿Qué es lo que pretenden hacer esos miserables judíos? ¿Se les deberá dejar? ¿Llegarán a ofrecer sacrificios? ¿Acabarán algún día? ¿Harán revivir estas piedras calcinadas de entre los montones de escombros?". (Nehemías 3, 34)
Lo inspeccioné todo, me puse en pie y dije a los nobles, a los prefectos y al resto del pueblo: "¡No les tengáis miedo. Pensad en el Señor, grande y terrible, y luchad por vuestros hermanos, vuestros hijos y vuestras hijas, vuestras mujeres y vuestras casas!". (Nehemías 4, 8)