Mosaico decorativo

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  • Mandó a otros partidarios suyos para que se apoderasen de Jerusalén y del monte del templo. (I Macabeos 16, 20)

  • "A los hermanos judíos que habitan en Egipto, salud; los hermanos judíos de Jerusalén y de la comarca de Judea os desean paz y prosperidad. (II Macabeos 1, 1)

  • "Los habitantes de Jerusalén y de Judea y el consejo de los ancianos y Judas, a Aristóbulo, maestro del rey Tolomeo, del linaje de los sacerdotes ungidos, y a los judíos de Egipto, salud y prosperidad. (II Macabeos 1, 10)

  • Estando en Persia su jefe, con un ejército que se creía invencible, fue despedazado en el templo de Nanea. (II Macabeos 1, 13)

  • Al cabo de muchos años, cuando Dios quiso, Nehemías, enviado por el rey de Persia, mandó a los descendientes de aquellos sacerdotes que lo habían escondido en busca del fuego. Según ellos nos dijeron, no encontraron fuego, sino un agua muy espesa, y mandó que se la llevaran. (II Macabeos 1, 20)

  • Encontramos escrito en los documentos que el profeta Jeremías mandó a los deportados tomar del fuego antes dicho; (II Macabeos 2, 1)

  • Una vez arriba, Jeremías encontró una caverna y en ella metió el tabernáculo, el arca y el altar del incienso, y cerró la entrada. (II Macabeos 2, 5)

  • Jeremías, al enterarse, los reprendió y dijo: Este lugar quedará ignorado hasta que Dios realice la reunión de su pueblo y tenga misericordia de él. (II Macabeos 2, 7)

  • las manifestaciones celestes en favor de aquellos que luchaban valientemente por la causa del judaísmo, tanto que siendo pocos libertaron todo el país y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros, (II Macabeos 2, 21)

  • nos hemos preocupado de proporcionar placer espiritual a los aficionados a leer y de aliviar el trabajo a los que gustan de ejercitar la memoria, y así alguna utilidad a todo el que tome en sus manos el libro. (II Macabeos 2, 25)

  • Llegó a Jerusalén, y fue recibido amigablemente por el sumo sacerdote y por la ciudad; informó de la denuncia recibida, y preguntó si las cosas eran así en realidad. (II Macabeos 3, 9)

  • Las mujeres, con cilicios bajo los pechos, invadían las calles; las doncellas encerradas, unas corrían a las puertas, otras subían a las murallas, otras miraban por las ventanas. (II Macabeos 3, 19)


"Deus não opera prodígios onde não há fé." São Padre Pio de Pietrelcina