Mosaico decorativo

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  • fue en seguimiento del hombre de Dios, y lo encontró sentado bajo un terebinto. "¿Eres tú -le dijo- el hombre de Dios que ha llegado de Judá?". "Yo soy", respondió. (I Reyes 13, 14)

  • el cual gritó al hombre de Dios que había llegado de Judá: "Por haber sido rebelde a la orden del Señor y no haber obedecido el mandato que te dio el Señor, (I Reyes 13, 21)

  • Cuando se enteró el profeta que había hecho volver al otro de su camino exclamó: "Es el hombre de Dios, que ha sido rebelde al mandato del Señor, y por eso el Señor lo ha entregado al león para que lo matara y lo despedazara, como había dicho el Señor". (I Reyes 13, 26)

  • El profeta tomó el cadáver del hombre de Dios, lo cargó sobre el asno y se lo llevó con él a su ciudad para hacer duelo y sepultarlo. (I Reyes 13, 29)

  • Después de sepultarlo, dijo a sus hijos: "Cuando yo me muera, me enterraréis en la sepultura en que el hombre de Dios está enterrado; poned mis huesos junto a los suyos, (I Reyes 13, 31)

  • Entonces ella dijo a Elías: "¿Qué tengo yo que ver contigo, hombre de Dios? ¿Has entrado en mi casa para recordar mis pecados y dar muerte a mi hijo?". (I Reyes 17, 18)

  • La mujer dijo a Elías: "Ahora sí reconozco que eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor en tu boca es verdad". (I Reyes 17, 24)

  • A la séptima vez dijo: "Una nube pequeña como la palma de la mano de un hombre sube del mar". Elías dijo: "Corre y di a Ajab: Engancha y baja, para que no te impida la lluvia". (I Reyes 18, 44)

  • Entonces un hombre de Dios se llegó al rey de Israel, y le dijo: "Esto dice el Señor: Ya que Siria ha dicho que el Señor es el Dios de las montañas y no el Dios de los valles, voy a entregar en tus manos a toda esa inmensa multitud, para que conozcáis que yo soy el Señor". (I Reyes 20, 28)

  • Encontró luego a otro hombre y le dijo: "Pégame". Y aquel hombre lo golpeó y lo hirió. (I Reyes 20, 37)

  • Y cuando el rey pasaba, gritó: "Tu servidor había salido de en medio de la refriega, cuando un hombre se le acercó, me trajo a otro y me dijo: Guarda a este hombre. Si se escapa, tu vida responderá por la suya o pagarás tres mil monedas de plata. (I Reyes 20, 39)

  • Pero sucedió que, mientras tu siervo atendía acá y allá, el hombre desapareció". El rey de Israel le dijo: "Ésa es tu sentencia. Tú mismo la has pronunciado". (I Reyes 20, 40)


"Deus quer que as suas misérias sejam o trono da Sua misericórdia." São Padre Pio de Pietrelcina