Mosaico decorativo

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  • Éstas se presentaron ante el sacerdote Eleazar, ante Josué, hijo de Nun, y ante los jefes, y les dijeron: "El Señor ordenó a Moisés que se nos diera una parte lo mismo que a nuestros hermanos". Y tal como el Señor había ordenado se les dio una parte igual que a los parientes de su padre. (Josué 17, 4)

  • Josué les respondió: "Si sois un pueblo tan numeroso, subid a la selva y roturad allí a vuestro gusto en la tierra de los fereceos y los refaimitas, ya que la montaña de Efraín es demasiado pequeña para vosotros". (Josué 17, 15)

  • Requen, Yorfel, Tarala, (Josué 18, 27)

  • allí pasaba en dirección a Jéfer, por Itacasín, subía hacia Remón y volvía hacia Neá. (Josué 19, 13)

  • Aco, Afec, Rejob; veintidós ciudades con sus aldeas. (Josué 19, 30)

  • Éstas son las heredades que el sacerdote Eleazar, Josué, hijo de Nun, y los jefes de familia de las tribus de Israel repartieron por suerte en Silo, ante el Señor, a la entrada de la tienda de la reunión. Así se llevó a cabo el reparto de la tierra. (Josué 19, 51)

  • Los jefes de familia de los levitas se presentaron en Silo, en el país de Canaán, al sacerdote Eleazar, a Josué, hijo de Nun, y a los jefes de familia de las tribus de Israel, (Josué 21, 1)

  • con diez jefes, uno por cada una de las tribus de Israel, cabezas de familia. (Josué 22, 14)

  • ¿No era bastante el crimen de Fegor, del cual no nos hemos purificado todavía y por el que cayó aquella plaga sobre la comunidad del Señor? (Josué 22, 17)

  • Los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés respondieron a los jefes israelitas: (Josué 22, 21)

  • Cuando el sacerdote Fineés, los jefes de la comunidad y los jefes de clanes que le acompañaban oyeron estas palabras de los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés, les pareció bien. (Josué 22, 30)

  • Fineés, hijo del sacerdote Eleazar, y los jefes dejaron a los de Rubén, a los de Gad y a la media tribu de Manasés en Galaad y volvieron a Canaán e informaron a los israelitas. (Josué 22, 32)


"A cada vitória sobre o pecado corresponde um grau de glória eterna". São Padre Pio de Pietrelcina