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a fin de que quedase un reino humilde que no pudiese sublevarse de nuevo, sino que guardase su pacto para poder subsistir. (Ezequiel 17, 14)
No le apoyará el Faraón en la guerra con grandes fuerzas ni muchos hombres cuando se levanten terraplenes y se construyan baluartes de asedio para exterminar a muchas personas. (Ezequiel 17, 17)
Extenderé sobre él mi red y quedará preso en mi redada. Lo llevaré a Babilonia y allí le pediré cuentas de la infidelidad cometida contra mí. (Ezequiel 17, 20)
Y sabrán todos los árboles del bosque que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol humilde, hago secarse el árbol verde y reverdecer el árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré". (Ezequiel 17, 24)
Mandaron gentes contra él. Quedó preso en su fosa y lo llevaron con grillos a Egipto. (Ezequiel 19, 4)
Devastó sus palacios, asoló sus ciudades; país y habitantes estaban espantados al oír su rugido. (Ezequiel 19, 7)
Con grillos lo encerraron en jaula, lo llevaron al rey de Babilonia, que lo metió en una fortaleza, para que no se oyera más su rugido por los montes de Israel. (Ezequiel 19, 9)
Aquel día alcé mi mano ante ellos jurando sacarlos de Egipto y llevarlos a una tierra que había escogido para ellos, una tierra que mana leche y miel, un paraíso entre todas las tierras. (Ezequiel 20, 6)
Pero en el desierto alcé mi mano y les juré que no los llevaría al país destinado para ellos, tierra que mana leche y miel, un paraíso entre las tierras, (Ezequiel 20, 15)
Yo los llevé hasta la tierra que había jurado, mano en alto, darles. Pero al ver cualquier colina elevada o cualquier árbol frondoso, ofrecieron allí sus sacrificios, presentaron sus ofrendas irritantes, quemaron sus perfumes y derramaron sus ofrendas de vino. (Ezequiel 20, 28)
La suerte cae a su derecha: Jerusalén, para situar arietes, dar órdenes de matanza, lanzar el grito de guerra, levantar arietes contra las puertas, amontonar terraplenes, disponer el cerco. (Ezequiel 21, 27)
He buscado entre ellos un hombre que reparase el muro y se mantuviera en la brecha frente a mí en defensa del país, para que yo no lo devastase, y no lo he encontrado. (Ezequiel 22, 30)