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El Señor había puesto su mano sobre mí la tarde antes de llegar el fugitivo y había abierto mi boca antes que a la mañana siguiente llegara a mí el fugitivo. Entonces mi boca habló y no estuve mudo más. (Ezequiel 33, 22)
Y sabrán que yo, el Señor, su Dios, estoy con ellos, y que ellos, la casa de Israel, son mi pueblo, dice el Señor Dios: (Ezequiel 34, 30)
Como tú te alegraste cuando la heredad de la casa de Israel era devastada, así haré yo contigo; en desolación te convertirás, monte de Seír, así como Edón entero, y se sabrá que yo soy el Señor. (Ezequiel 35, 15)
Hijo de hombre, profetiza ahora sobre los montes de Israel. Dirás: Montes de Israel, escuchad la palabra del Señor. (Ezequiel 36, 1)
Por eso, profetiza sobre el país de Israel, di a los montes y a las colinas, a los torrentes y a los valles: Esto dice el Señor Dios: Aquí estoy; en mis celos y en mi furor he hablado; porque habéis sido expuestos al oprobio de las naciones, (Ezequiel 36, 6)
Multiplicaré en medio de vosotros a los hombres, toda la casa de Israel. Las ciudades serán repobladas y las ruinas reconstruidas. (Ezequiel 36, 10)
Yo derramé mi furor sobre ellos por la sangre que habían vertido en el país y por los ídolos con los cuales lo habían contaminado. (Ezequiel 36, 18)
Pero yo tuve consideración de mi santo nombre, que la casa de Israel profanaba en medio de las gentes entre las que se encontraba. (Ezequiel 36, 21)
Di, pues, a la casa de Israel: Esto dice el Señor Dios: No hago esto por consideración a vosotros, casa de Israel, sino por mi santo nombre, que vosotros habéis profanado entre las gentes donde fuisteis. (Ezequiel 36, 22)
Sabed, sin embargo, que no hago esto por consideración a vosotros, dice el Señor Dios. ¡Avergonzaos, más bien, y abochornaos de vuestra conducta, oh casa de Israel! (Ezequiel 36, 32)
Esto dice el Señor Dios: Aún me dejaré aplacar por la casa de Israel, los multiplicaré como un rebaño humano, (Ezequiel 36, 37)
El Señor puso su mano sobre mí, me trasladó por medio de su espíritu y me dejó en medio de la vega, que estaba llena de huesos. (Ezequiel 37, 1)