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David dijo a Gad: "Me veo en gran aprieto. Pongámonos en manos de Dios, porque es grande su misericordia, antes de caer en manos de los hombres". (I Crónicas 21, 13)
y David dijo a Dios: "¿No soy yo quien ordenó el censo del pueblo? Yo soy quien ha pecado y ha obrado mal; pero estos otros, el rebaño, ¿qué han hecho? Señor, Dios mío, que tu mano caiga sobre mí y mi familia, pero que el pueblo se vea libre del castigo". (I Crónicas 21, 17)
Por eso dijo David: "Ésta será la casa del Señor Dios, y aquí estará el altar de los holocaustos de Israel". (I Crónicas 22, 1)
David ordenó que se reunieran todos los extranjeros que había en Israel, y los empleó como canteros en labrar piedras para la construcción de la casa de Dios. (I Crónicas 22, 2)
Llamó luego a su hijo Salomón, le encomendó la construcción de un templo al Señor, Dios de Israel, (I Crónicas 22, 6)
y le dijo: "Hijo mío, yo quise construir un templo al nombre del Señor, mi Dios; (I Crónicas 22, 7)
Ahora, hijo mío, que el Señor esté contigo y puedas concluir con éxito el templo del Señor, tu Dios, conforme te lo ha prometido. (I Crónicas 22, 11)
Que el Señor te dé sabiduría e inteligencia cuando te constituya sobre Israel, para que puedas observar la ley del Señor, tu Dios. (I Crónicas 22, 12)
"El Señor, vuestro Dios, está con vosotros; os ha dado tranquilidad por todas partes, entregando en mis manos a los habitantes de la tierra y poniendo a ésta bajo el dominio del Señor y de su pueblo. (I Crónicas 22, 18)
Poned, pues, vuestro corazón y vuestra alma al servicio del Señor, vuestro Dios. Aprestaos y edificad el santuario del Señor, vuestro Dios, para trasladar al templo edificado al nombre del Señor el arca de la alianza del Señor y los utensilios consagrados a Dios". (I Crónicas 22, 19)
Moisés fue un hombre de Dios, y sus hijos fueron computados con la tribu de Leví. (I Crónicas 23, 14)
David había dicho: "Ya que el Señor, Dios de Israel, ha otorgado paz a su pueblo y ha fijado para siempre su morada en Jerusalén, (I Crónicas 23, 25)