Mosaico decorativo

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  • Así pues, alabo la alegría, porque para el hombre no hay bajo el sol otra felicidad que comer y beber y gozar. Y esto le acompaña en su trabajo en los días de su vida que le da Dios bajo el sol. (Eclesiastés 8, 15)

  • pues los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada y ya no reciben salario, porque su recuerdo está en el olvido. (Eclesiastés 9, 5)

  • También he visto bajo el sol que ni es de los veloces la carrera, ni de los valientes el combate, ni de los sabios el pan, ni de los inteligentes la riqueza, ni de los instruidos la estima, porque el tiempo y la mala suerte alcanzan a todos. (Eclesiastés 9, 11)

  • Yo digo: la sabiduría vale más que la fuerza; pero la sabiduría del pobre es despreciada y sus palabras no son escuchadas. (Eclesiastés 9, 16)

  • Las palabras dulces de los sabios son escuchadas mejor que los gritos del rey de los necios. (Eclesiastés 9, 17)

  • Las palabras de la boca del sabio son agradables; pero los labios del tonto causan su propia ruina. (Eclesiastés 10, 12)

  • Las primeras palabras de su boca son despropósitos, y el final de su discurso funesta locura. (Eclesiastés 10, 13)

  • El tonto multiplica las palabras. El hombre ignora el pasado; y ¿quién puede indicarle lo que sucederá después? (Eclesiastés 10, 14)

  • No maldigas al rey ni aun con tu pensamiento; no maldigas al rico ni aun en tu alcoba; porque las aves del cielo transportan la voz y un ser alado lo hace saber. (Eclesiastés 10, 20)

  • Las palabras de los sabios son como aguijones, como clavos clavados por los instruidos de la asamblea. Ellas son dadas por el pastor único. (Eclesiastés 12, 11)

  • Dios nos pedirá cuentas de todas nuestras acciones, buenas o malas, aun de las que hayamos hecho en secreto. (Eclesiastés 12, 14)

  • Ella: Mientras el rey se halla en su diván, mi nardo exhala su perfume. (Cantar 1, 12)


"O temor e a confiança devem dar as mãos e proceder como irmãos. Se nos damos conta de que temos muito temor devemos recorrer à confiança. Se confiamos excessivamente devemos ter um pouco de temor". São Padre Pio de Pietrelcina