Gefunden 1933 Ergebnisse für: Sin
No obstante, porque con esto has ultrajado gravemente al Señor, el niño que te ha nacido morirá sin remedio". (II Samuel 12, 14)
Pero Amnón no quiso escucharla, sino que la tomó por la fuerza y se acostó con ella. (II Samuel 13, 14)
En seguida, Amnón sintió hacia ella un odio terrible, más fuerte aún que el amor con que la había amado. Entonces le dijo: "¡Levántate y vete!". (II Samuel 13, 15)
Y ahora toda la familia se ha levantado contra tu servidora, diciendo: ‘Entrega al fratricida; vamos a darle muerte para vengar al hermano que él asesinó y acabar así con el heredero’. De esta manera apagarán la brasa que aún me queda, privando a mi marido de un nombre y un sobreviviente sobre la faz de la tierra". (II Samuel 14, 7)
El rey continuó diciendo: "¿No está la mano de Joab detrás de todo esto?". La mujer asintió: "¡Por tu vida, mi señor y rey, tu pregunta ha dado justo en el blanco! Sí, tu servidor Joab es el que me mandó y puso todas estas palabras en boca de tu servidora. (II Samuel 14, 19)
Absalón estuvo tres años en Jerusalén sin ver al rey. (II Samuel 14, 28)
Junto con Absalón partieron de Jerusalén doscientos hombres, invitados por él, que iban con toda inocencia, sin sospechar nada del asunto. (II Samuel 15, 11)
Sin embargo, Absalón dijo: "Llamen a Jusai, el arquita, y oigámoslo también a él, a ver qué opina". (II Samuel 17, 5)
David y toda la tropa que iba con él reanudaron la marcha y cruzaron el Jordán. Al despuntar el día, no había quedado nadie sin pasar el Jordán. (II Samuel 17, 22)
Pero él me calumnió ante mi señor, el rey. Sin embargo, tú eres como un ángel de Dios: trátame entonces como mejor te parezca. (II Samuel 19, 28)
Pero Amasá no había prestado atención a la espada que tenía Joab en la mano izquierda, y este lo hirió en el bajo vientre, desparramando sus entrañas por el suelo. Así murió Amasá, sin que Joab tuviera que repetir el golpe. Luego Joab y su hermano Abisai se lanzaron en persecución de Seba, hijo de Bicrí. (II Samuel 20, 10)
Enton-ces David convocó a los gabaonitas y les habló. Ellos no pertenecían a Israel, sino que eran un resto de los amorreos, con quienes los israelitas se habían comprometido mediante un juramento. Sin embargo, Saúl había intentado eliminarlos, en su celo por Israel y Judá. (II Samuel 21, 2)