Mosaico decorativo

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  • Poco tiempo después, el rey envió a un consejero ateniense para que obligara a los judíos a abandonar las costumbres de sus padres y a no vivir conforme a las leyes de Dios; (II Macabeos 6, 1)

  • Este designó inmediatamente a Nicanor, hijo de Patroclo, uno de sus principales Amigos, y lo envió al frente de no menos de veinte mil hombres de todas las naciones para acabar con toda la población de Judea. A su lado puso a Gorgias, general experimentado en la estrategia militar. (II Macabeos 8, 9)

  • Por eso envió en seguida un aviso a las ciudades de la costa, invitando a comprar esclavos judíos y prometiendo entregar noventa esclavos por talento, sin imaginarse el castigo que pronto le infligiría el Todopoderoso. (II Macabeos 8, 11)

  • Entonces les envió una embajada para proponerles una reconciliación en condiciones razonables, prometiéndoles que induciría al rey a hacerse amigo de ellos. (II Macabeos 11, 14)

  • Les envío además a Menelao para que les infunda confianza. (II Macabeos 11, 32)

  • Y después de haber recolectado entre sus hombres unas dos mil dracmas, las envió a Jerusalén para que se ofreciera un sacrificio por el pecado. Él realizó este hermoso y noble gesto con el pensamiento puesto en la resurrección, (II Macabeos 12, 43)

  • Judas envió a los sitiados todo lo que necesitaban, (II Macabeos 13, 20)

  • Este designó inmediatamente a Nicanor, que dirigía la tropa de los elefantes, lo nombró gobernador de Judea, y lo envió (II Macabeos 14, 12)

  • Por eso envió a Posidonio, Teodoto y Matatías para concertar la paz. (II Macabeos 14, 19)

  • Nicanor, queriendo poner en evidencia la hostilidad que profesaba contra los judíos, envió más de quinientos soldados para detenerlo, (II Macabeos 14, 39)

  • Ella envió a sus servidoras a proclamar sobre los sitios más altos de la ciudad: (Proverbios 9, 3)

  • Porque el comienzo del orgullo es el pecado y el que persiste en él, hace llover la abominación: por eso el Señor envió calamidades imprevistas y arrasó a los soberbios hasta aniquilarlos. (Eclesiástico 10, 13)


"Reze, reze! Quem muito reza se salva e salva os outros." São Padre Pio de Pietrelcina