Mosaico decorativo

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  • Porque en los muchos sueños abundan las ilusiones y el palabrerío. Tú, simplemente, teme a Dios. (Eclesiastés 5, 6)

  • Yo he comprobado esto: lo más conveniente es comer y beber y encontrar la felicidad en el esfuerzo que uno realiza bajo el sol, durante los contados días de vida que Dios le concede a cada uno: porque esta es la parte reservada a los hombres. (Eclesiastés 5, 17)

  • Además, si Dios ha dado a un hombre riquezas y posesiones, y le permite disfrutar de ellas, tomar la parte que le toca y alegrarse de su trabajo, ¡eso es un don de Dios! (Eclesiastés 5, 18)

  • No, él no piensa demasiado en la brevedad de la vida, cuando Dios lo tiene ocupado con pensamientos alegres. (Eclesiastés 5, 19)

  • A uno Dios le ha dado riquezas, posesiones y honores, y no le falta nada de todo lo que desea. Pero Dios no le permite disfrutar de eso, sino que lo disfruta un extraño. Esto es vanidad y un mal penoso. (Eclesiastés 6, 2)

  • Observa la obra de Dios: ¿quién puede enderezar lo que él torció? (Eclesiastés 7, 13)

  • Disfruta de los días felices y en los días adversos, reflexiona: Dios hizo que se sucedan unos a otros, de manera que el hombre no descubra nada de lo que vendrá después de él. (Eclesiastés 7, 14)

  • Lo mejor es procurar esto sin dejar de lado aquello: el que teme a Dios sabe unir las dos cosas. (Eclesiastés 7, 18)

  • Y yo encuentro más amarga que la muerte a la mujer, cuando ella misma es una trampa, su corazón, una red, y sus brazos, ataduras. Con el favor de Dios, uno puede librarse, pero el pecador se deja atrapar. (Eclesiastés 7, 26)

  • En resumen, he descubierto lo siguiente: Dios hizo recto al hombre, pero ellos se buscan muchas complicaciones. (Eclesiastés 7, 29)

  • Observa la orden del rey, y esto, a causa del juramento hecho a Dios. (Eclesiastés 8, 2)

  • El pecador que hace cien veces el mal puede, a pesar de todo, vivir largo tiempo. Sin embargo, yo sé muy bien que la felicidad es para los que temen a Dios, porque ellos sienten temor en su presencia. (Eclesiastés 8, 12)


"O Anjo de Deus não nos abandona jamais." São Padre Pio de Pietrelcina