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Ustedes nacieron sólo para que los maldigan, y a su muerte no recibirán más que una maldición. (Sirácides (Eclesiástico) 41, 9)
Una vida, por buena que sea, dura sólo un tiempo, mientras que el buen nombre permanece para siempre. (Sirácides (Eclesiástico) 41, 13)
Debes tener vergüenza, pensando en la verdad de Dios y en la Alianza: de guardar los panes para ti solo, (Sirácides (Eclesiástico) 41, 20)
Así como el sol ilumina todo lo que está a la vista, así la obra del Señor está llena de su gloria. (Sirácides (Eclesiástico) 42, 16)
Desde que el sol aparece va proclamando: "¡Soy un objeto admirable, una obra del Altísimo!" (Sirácides (Eclesiástico) 43, 2)
Al mediodía reseca el campo; ¿quién puede soportar su ardor? Aunque sea insoportable el calor de la fragua, el ardor del sol es tres veces más cuando quema las montañas, proyectando vapores ardientes, rayos que ciegan los ojos. (Sirácides (Eclesiástico) 43, 3)
¡Cuántas maravillas ocultas, mucho más grandes todavía! Sólo hemos visto una pequeña parte de sus obras. (Sirácides (Eclesiástico) 43, 32)
por su sola palabra se multiplicaban los prodigios. El Señor lo glorificó en presencia de los reyes, le dio mandamientos para su pueblo y le dejó ver un reflejo de su gloria. (Sirácides (Eclesiástico) 45, 3)
Moisés en persona lo consagró: Aarón recibió de él la unción con el aceite santo; así fue como recibió ese privilegio para siempre, no sólo él sino también sus descendientes, y esto mientras duren los cielos, llevarán a cabo el servicio litúrgico. Serán sacerdotes y darán al pueblo de Dios la bendición en su nombre. (Sirácides (Eclesiástico) 45, 15)
Cuando Dios se comprometió con David, hijo de Jesé, de la tribu de Judá, uno solo de sus hijos heredaría su realeza; con Aarón, en cambio, su sacerdocio pasa a todos sus descendientes. (Sirácides (Eclesiástico) 45, 25)
¿No fue a una orden suya que el sol se detuvo y que un día duró tanto como dos? (Sirácides (Eclesiástico) 46, 4)
Dio esplendor a las fiestas y realzó el brillo de las solemnidades, haciendo que se alabara el nombre del Señor: desde la aurora se oía el canto sagrado. (Sirácides (Eclesiástico) 47, 10)