Mosaico decorativo

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  • ¡Ni a tu hijo, ni a tu mujer, ni a tu hermano ni a tu amigo: a nadie des poder sobre ti mientras vivas! No des tus bienes a otro; podrías arrepentirte y tener que reclamárselos. (Sirácides (Eclesiástico) 33, 20)

  • Exterminará a la multitud de los violentos y destruirá el poder de los injustos. (Sirácides (Eclesiástico) 35, 21)

  • ¡Alza tu mano en contra de las naciones extranjeras y haz que vean tu poder! (Sirácides (Eclesiástico) 36, 2)

  • Acuérdate de aquella madera que endulzó las aguas amargas, y con eso el Señor dio a conocer su poder. (Sirácides (Eclesiástico) 38, 5)

  • Con su poder congela las nubes para que lancen el granizo como piedras. (Sirácides (Eclesiástico) 43, 15)

  • Es un Señor temible y altísimo, su poder es prodigioso. (Sirácides (Eclesiástico) 43, 29)

  • Lo revistió con ornamentos espléndidos y le entregó las insignias de su poder: pantalones, túnica larga, efod. (Sirácides (Eclesiástico) 45, 8)

  • Porque aplastó al enemigo en todos los frentes, aniquiló a los Filisteos que lo atacaban, y el poder de éstos se debilitó hasta nuestros días. (Sirácides (Eclesiástico) 47, 7)

  • El Señor le perdonó sus pecados y quiso que su poder perdurara por los siglos: se comprometió con él en lo que respecta a los reyes futuros, y le prometió que haría gloriosa su dinastía en Israel. (Sirácides (Eclesiástico) 47, 11)

  • Se dio la división del poder: una realeza rebelde surgió en Efraín. (Sirácides (Eclesiástico) 47, 21)

  • Pues bien, el Señor hará subir contra ellos las aguas embravecidas y profundas del río Eufrates (que es el rey de Asiria con todo su poder). ¡Ya está saliendo de su lecho y corre por todas sus riberas! (Isaías 8, 7)

  • Esta es la sentencia que, hace tiempo, pronunció Yavé contra Moab. Y ahora Yavé declara: «Dentro de tres años, los mismos que dura el contrato de un soldado, el famoso poder de Moab, con su gran población, se vendrá abajo y sólo quedará una minoría sin importancia.» (Isaías 16, 13)


“A pessoa que nunca medita é como alguém que nunca se olha no espelho e, assim, não se cuida e sai desarrumada. A pessoa que medita e dirige seus pensamentos a Deus, que é o espelho de sua alma, procura conhecer seus defeitos, tenta corrigi-los, modera seus impulsos e põe em ordem sua consciência.” São Padre Pio de Pietrelcina