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el quinto, Sefatías, de Abital; el sexto, Jitream, de su mujer Eglá. (1 Crónicas 3, 3)
Su mujer, la de Judá, dio a luz a Jered, padre de Guedor, a Jéber, padre de Socó, y a Jecutiel, padre de Zanóaj. Estos son los hijos de Bitía, hija del faraón, que Méred había tomado por esposa. (1 Crónicas 4, 18)
Hijos de la mujer de Odías, hermana de Nájam: el padre de Queilá el garmita y Estemoa el macateo. (1 Crónicas 4, 19)
Maquir tomó una mujer para Jupim y para Supim, y el nombre de su hermana era Maaca. El nombre del segundo era Selofjad; Selofjad tuvo hijas: (1 Crónicas 7, 15)
Maaca, mujer de Maquir, dio a luz un hijo, a quien llamó Fares. Su hermano se llamaba Seres y sus hijos Ulam y Requem. (1 Crónicas 7, 16)
Y de su mujer Odés engendró Jobab, Sibías, Mesá, Malkom, (1 Crónicas 8, 9)
hijo de una mujer de la tribu de Dan y de padre tirio, que sabe trabajar el oro, la plata, el bronce, el hierro, la piedra, la madera, la púrpura, el jacinto, el lino y la escarlata, y grabar toda clase de figuras; es capaz de realizar cualquier cosa que le pidas. El trabajará con sus obreros y con los de David, mi señor, tu padre. (2 Crónicas 2, 13)
Salomón hizo subir a la hija del faraón desde la ciudad de David a la casa que había edificado para ella; pues se decía: «No puedo dejar a una mujer en la casa de David, rey de Israel; porque los lugares donde ha estado el Arca de Yavé son sagrados.» (2 Crónicas 8, 11)
e incluso dijeron que todo aquel que no buscara a Yavé, el Dios de Israel, sería muerto, fuera pequeño o grande, hombre o mujer. (2 Crónicas 15, 13)
Se portó como los reyes de Israel e hizo como había hecho la gente de Ajab, porque se había casado con una mujer de la familia de Ajab y se portó mal con Yavé. (2 Crónicas 21, 6)
Pero Joás, rey de Israel, mandó decir a Amasías, rey de Judá: «El cardo del Líbano mandó a decir al cedro el Líbano: Dame tu hija para mujer de mi hijo. Pero las bestias salvajes del Líbano pasaron y pisotearon el cardo. (2 Crónicas 25, 18)
Hijo mío, guárdate de toda impureza y elige por esposa a una mujer de la raza de tus padres. No te cases con mujer extranjera, pues somos hijos de profetas. Recuerda que nuestros padres Noé, Abraham, Isaac y Jacob se casaron con mujeres de su parentela y fueron bendecidos en sus hijos, de modo que su descendencia heredó la tierra. (Tobías 4, 12)