Mosaico decorativo

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  • Timoteo vino a caer en manos de las tropas de Dositeo y Sosípatro. Pidió con gran astucia que lo dejaran libre, pues, decía, estaban en su poder los padres y hermanos de muchos judíos, y serían aniquilados con toda certeza si a él le quitaban la vida. (2 Macabeos 12, 24)

  • Cuando los hubo convencido, a fuerza de palabras, de que los devolvería sanos y salvos a sus hermanos, lo dejaron libre. (2 Macabeos 12, 25)

  • Entonces el sumo sacerdote Onías había dicho a Judas: «Este es el que ama a sus hermanos, el que ruega sin cesar por el pueblo judío y por la Ciudad Santa. Es Jeremías, el profeta de Dios.» (2 Macabeos 15, 14)

  • el testigo falso que habla para mentir, y el hombre que provoca la discordia entre hermanos. (Proverbios 6, 19)

  • Hermanos que se ayudan son como una fortaleza, y los amigos, como los cerrojos de una torre. (Proverbios 18, 19)

  • Al pobre lo rechazan todos sus hermanos, con mayor razón sus amigos. ¿Con quién hablar? Nadie se presenta. (Proverbios 19, 7)

  • Pues vi bajo el sol otra cosa absurda: Un hombre solo, que no tiene a nadie, ni hijos ni hermanos, y que no deja de extenuarse trabajando, nunca se siente lo bastante rico. Pero ¿para quién trabaja, para quién son esas privaciones? Ese es un mal negocio y que no tiene sentido. (Eclesiastés (Qohelet) 4, 7)

  • El jefe merece el respeto de sus hermanos; pero él respeta a los que temen al Señor. (Sirácides (Eclesiástico) 10, 20)

  • Hay tres cosas que hallo hermosas, y que son hermosas tanto para Dios como para los hombres: la unión entre hermanos, la amistad entre prójimos y la perfecta armonía entre marido y mujer. (Sirácides (Eclesiástico) 25, 1)

  • ¡Hermanos y protectores lo son para los momentos de prueba! Más que unos y otros un gesto caritativo te valdrá la salvación. (Sirácides (Eclesiástico) 40, 24)

  • ¡Ningún hombre ha nacido igual a José, el jefe de sus hermanos y el apoyo de su pueblo, a quien se le prometió que lo trasladarían de su tumba! (Sirácides (Eclesiástico) 49, 15)

  • De pie junto al brasero del altar, recibía de manos de los sacerdotes las carnes sacrificadas: sus hermanos formaban una corona a su alrededor como el follaje de los cedros del Líbano, o hacían un círculo en torno a él como troncos de palmeras. (Sirácides (Eclesiástico) 50, 12)


"A mansidão reprime a ira." São Padre Pio de Pietrelcina