Mosaico decorativo

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  • De los hijos de Zéraj: Seuel y sus hermanos: seiscientos noventa. (1 Crónicas 9, 6)

  • y sus hermanos, según sus genealogías: novecientos cincuenta y seis. Todos éstos eran jefes de familias en sus respectivas casas paternas. (1 Crónicas 9, 9)

  • y sus hermanos, jefes de sus casas paternas: mil setecientos sesenta hombres aptos para los ejercicios del culto de la Casa de Dios. (1 Crónicas 9, 13)

  • Los porteros: Salum, Acub, Talmón, Ajimán y sus hermanos. (1 Crónicas 9, 17)

  • Salum, hijo de Coré, hijo de Ebiasaf, hijo de Coré, y sus hermanos los coreítas, de la misma casa paterna, tenían el servicio de culto como guardianes de los umbrales de la Tienda, pues sus padres habían tenido a su cargo la guardia de acceso al campamento de Yavé. (1 Crónicas 9, 19)

  • Sus hermanos, que habitaban en poblados, tenían que venir periódicamente a estar con ellos durante siete días, (1 Crónicas 9, 25)

  • Y entre sus hermanos estaban los hijos de Quehatitas, que estaban encargados de poner en fila los panes de cada sábado. (1 Crónicas 9, 32)

  • También éstos habitaron en Jerusalén junto a sus hermanos a instigación de éstos. (1 Crónicas 9, 38)

  • Manejaban el arco y la honda lo mismo con la derecha que con la izquierda para tirar flechas y lanzar piedras. De los hermanos de Saúl, el benjaminita: (1 Crónicas 12, 2)

  • De los hijos de Isacar, expertos en distinguir las oportunidades y saber lo que Israel debía hacer, doscientos jefes, y todos sus hermanos bajo sus órdenes. (1 Crónicas 12, 33)

  • Permanecieron allí con David tres días comiendo y bebiendo, porque sus hermanos les habían preparado víveres. (1 Crónicas 12, 40)

  • Luego dijo a toda la asamblea de Israel: «Si les parece bien y la cosa conviene a Yavé, nuestro Dios, vamos a mandar un mensaje a nuestros hermanos que han quedado en todas las regiones de Israel y, además, a los sacerdotes y levitas en sus ciudades y aldeas, para que se reúnan con nosotros; (1 Crónicas 13, 2)


"Onde não há obediência, não há virtude. Onde não há virtude, não há bem, não há amor; e onde não há amor, não há Deus; e sem Deus não se chega ao Paraíso." São Padre Pio de Pietrelcina