Gefunden 943 Ergebnisse für: Ciudad Fortificada
Mientras mataban de esa manera, me postré con el rostro en tierra, gritando y diciéndole. "¡Ay, Yavé, ¿vas a esparcir tu furor por Jerusalén y destruir lo que queda de Israel?" Me respondió: "El pecado de la casa de Israel y de Judá es tan grande que supera toda medida; el país está repleto de sangre y la ciudad, llena de injusticia. Dicen para sí: Yavé ya no se preocupa del país, Yavé ya no ve nada. (Ezequiel 9, 8)
Desde allí dijo al hombre vestido de lino: "Pasa por debajo de las ruedas y toma entre tus manos carbones que dispersarás por la ciudad". El hombre fue allá, y yo lo observaba; (Ezequiel 10, 2)
Yavé me dijo: "Hijo de hombre, estos son hombres que meditan el mal y que dan malos consejos a la ciudad. (Ezequiel 11, 2)
Dicen: Nuestras casas no están próximas a caer, nosotros somos la carne y la ciudad es la olla que la conserva. (Ezequiel 11, 3)
Pero como han llenado esta ciudad de víctimas y las calles de cadáveres, (Ezequiel 11, 6)
Yavé les dice: Las víctimas que dejaron en la ciudad son la carne, y la ciudad, la olla. Pero a ustedes los haré salir. (Ezequiel 11, 7)
Los haré salir de la ciudad y los entregaré a los extranjeros; así es como haré justicia con ustedes. (Ezequiel 11, 9)
La Gloria de Yavé se levantó desde el centro de la ciudad; se elevó y se detuvo en la montaña que está al oriente de la ciudad. (Ezequiel 11, 23)
Cogió la rama más alta, y la llevó al país de los negocios, a una ciudad de comerciantes. (Ezequiel 17, 4)
"Hijo de hombre, traza dos caminos para la espada del rey de Babilonia. Los dos salen del mismo punto, pero tú pon allí un letrero para que la espada pueda elegir entre los dos caminos, cada uno de los cuales lleva a una ciudad: o Rabba de los Amonitas o Judá, con Jerusalén en el centro. (Ezequiel 21, 24)
"Hijo de hombre, ¿no juzgarás a la ciudad sanguinaria? (Ezequiel 22, 2)
Dale a conocer todos sus crímenes. Le comunicarás esta palabra de Yavé: Ay de esta ciudad, pues adelantó su hora con la sangre derramada en medio de ella, se volvió impura con los ídolos que se hizo. (Ezequiel 22, 3)