Mosaico decorativo

Encontrados 432 resultados para: Tercera Parte

  • Recibiréis cada uno por igual la parte que os toca del territorio que yo, mano en alto, juré dar a vuestros padres; esta tierra será vuestra heredad. (Ezequiel 47, 14)

  • Os la repartiréis como heredad entre vosotros y los extranjeros domiciliados en vuestro territorio que hayan engendrado hijos entre vosotros; consideraréis a éstos como ciudadanos israelitas, y con vosotros echarán suertes para obtener su parte en medio de las tribus de Israel. (Ezequiel 47, 22)

  • Éstos son los nombres de las tribus. Desde el extremo norte, en la dirección de Jetlón, hasta la entrada de Jamat y de Haser Enón, dejando al norte el territorio de Damasco, y a lo largo de Jamat; el territorio se extenderá desde la frontera oriental hasta la occidental: Dan, una parte. (Ezequiel 48, 1)

  • Limitando con Dan, desde la frontera oriental hasta la occidental: Aser, una parte. (Ezequiel 48, 2)

  • Limitando con Aser, desde la frontera oriental hasta la occidental: Neftalí, una parte. (Ezequiel 48, 3)

  • Limitando con Neftalí, desde la frontera oriental hasta la occidental: Manasés, una parte. (Ezequiel 48, 4)

  • Limitando con Manasés, desde la frontera oriental hasta la occidental: Efraín, una parte. (Ezequiel 48, 5)

  • Limitando con Efraín, desde la frontera oriental hasta la occidental: Rubén, una parte. (Ezequiel 48, 6)

  • Limitando con Rubén, desde la frontera oriental hasta la occidental: Judá, una parte. (Ezequiel 48, 7)

  • La parte que reservaréis al Señor tendrá doce kilómetros y medio de larga por diez de ancha. (Ezequiel 48, 9)

  • Comprenderá la parte del territorio sagrado reservada a los sacerdotes: doce kilómetros y medio hacia el norte, cinco de ancha hacia el oeste, cinco de ancha hacia el este y doce y medio de larga hacia el sur. En medio se levantará el santuario del Señor. (Ezequiel 48, 10)

  • Esta parte pertenecerá sólo a los sacerdotes consagrados, pertenecientes a la estirpe de Sadoc, los cuales permanecieron fieles a mi servicio y no se descarriaron al descarriarse los israelitas, como se descarriaron los levitas. (Ezequiel 48, 11)


“Não se desencoraje, pois, se na alma existe o contínuo esforço de melhorar, no final o Senhor a premia fazendo nela florir, de repente, todas as virtudes como num jardim florido.” São Padre Pio de Pietrelcina