Mosaico decorativo

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  • Grandes e inescrutables son tus juicios, por eso las almas sin instrucción se extraviaron. (Sabiduría 17, 1)

  • Luego, si alguno caía, allí era encarcelado, prisionero en una cárcel sin rejas. (Sabiduría 17, 16)

  • Una luz espléndida brillaba, en cambio, para tus santos. Los egipcios, que oían su voz sin ver su figura, los proclamaban dichosos, aunque primero hubiesen padecido; (Sabiduría 18, 1)

  • Todos sin excepción tenían muertos innumerables, heridos por un mismo género de muerte; y los vivos no bastaban para enterrarlos, ya que, en un instante, lo más noble de su linaje había sido destruido. (Sabiduría 18, 12)

  • pues los sueños terroríficos les habían advertido ya, para que no pereciesen sin conocer por qué sufrían aquellos males. (Sabiduría 18, 19)

  • Venció la revuelta no con la fuerza del cuerpo ni con el empuje de las armas, sino que con la palabra desarmó al que los castigaba, alegando los juramentos y los pactos patriarcales. (Sabiduría 18, 22)

  • Se vio la nube dar sombra al campamento, y surgir la tierra seca allí donde antes era agua; en el mar Rojo se abrió un camino sin tropiezos, y una llanura verdeante surgió de entre el oleaje impetuoso. (Sabiduría 19, 7)

  • Mientras, sobre los pecadores cayeron los castigos, no sin precederles las señales precursoras de violentos rayos; pues justamente padecían por sus maldades, por haber alimentado el odio más feroz contra los extranjeros. (Sabiduría 19, 13)

  • Y no sólo esto, sino que les espera el castigo, porque recibieron con hostilidad a los extranjeros. (Sabiduría 19, 15)

  • Los elementos se intercambiaban sus propiedades, como los instrumentos de cuerda cambian su ritmo, conservando, sin embargo, su tonalidad; lo cual se puede claramente ver con el examen cuidadoso de los hechos, (Sabiduría 19, 18)

  • El respeto del Señor rechaza los pecados y aparta sin cesar la cólera. (Eclesiástico 1, 21)

  • Medita los mandamientos del Señor y aplícate sin cesar a sus preceptos. Él hará firme tu corazón y te dará la sabiduría tan deseada. (Eclesiástico 6, 37)


"O demônio é forte com quem o teme, mas é fraquíssimo com quem o despreza." São Padre Pio de Pietrelcina