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Vete, hijo mío, de Nínive; no te quedes aquí. El día en que entierres a tu madre junto a mí, pasa los límites de Nínive. Yo sé bien que se cometen muchas injusticias y muchos fraudes sin avergonzarse por ello. (Tobías 14, 9)
Y tú no quebrantes las órdenes de tu señor, sino ejecútalas escrupulosamente, como te he mandado, y realízalas pronto". (Judit 2, 13)
y los condujo hasta el Sinaí y Cadesbarne. Rechazaron a todos los habitantes del desierto. (Judit 5, 14)
"No tememos a los israelitas, pues es un pueblo sin fuerza y sin poder para una lucha dura. (Judit 5, 23)
"¿Quién eres tú, Ajior, y vosotros, mercenarios de Efraín, para profetizar hoy aquí y para intentar persuadirnos de no pelear contra Israel, pretextando que Dios lo protege? ¿Y qué Dios existe, a no ser Nabucodonosor? Él nos dará fuerza y los exterminará de la faz de la tierra, sin que pueda librarlos su Dios. (Judit 6, 2)
Los quemaremos a todos, sus montañas chorrearán su sangre y sus llanuras serán cementerios. La planta de sus pies no resistirá ante nosotros, perecerán sin remedio, dice el rey Nabucodonosor, señor de toda la tierra. Él ha hablado, y no caerá en el vacío ninguna de sus palabras. (Judit 6, 4)
Si confías que no serán vencidos, ¡no pongas esa cara! Ninguna de las palabras que he dicho quedará sin cumplimiento". (Judit 6, 9)
Todos sus guerreros se pusieron en marcha. Las fuerzas armadas sumaban ciento setenta mil soldados de infantería y doce mil de caballería, sin contar el material y la gente que se les había unido. Era una muchedumbre incontable. (Judit 7, 2)
Cuando los israelitas vieron aquella ingente multitud, se aterrorizaron y se dijeron unos a otros: "Éstos, sin duda, cubrirán toda la tierra, y ni los montes más altos, ni los desfiladeros, ni las colinas podrán detener su marcha". (Judit 7, 4)
Sin embargo, cada cual tomó su equipo guerrero e hicieron hogueras sobre las torres, permaneciendo en alarma toda la noche. (Judit 7, 5)
Los israelitas clamaron al Señor, su Dios, al ver que los rodeaban sus enemigos sin que hubiese posibilidad de escapar. (Judit 7, 19)
y nuestra esclavitud no sería para nuestro bien, sino que el Señor, Dios nuestro, haría de ella nuestra deshonra. (Judit 8, 23)