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él, que no nació ni de sangre ni de carne, ni por deseo de hombre sino de Dios. (Juan 1, 13)
Tan pronto como el maestresala probó el agua convertida en vino (sin saber de dónde era, aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), llamó al novio y le dijo: (Juan 2, 9)
Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el hijo del hombre, que está en el cielo. (Juan 3, 13)
"Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único, para que quien crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. (Juan 3, 16)
Pues Dios no envió a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. (Juan 3, 17)
Vosotros mismos sois testigos de que dije: Yo no soy el mesías, sino que he sido enviado delante de él. (Juan 3, 28)
Porque el que Dios ha enviado dice las palabras de Dios, pues Dios le ha dado su espíritu sin medida. (Juan 3, 34)
(aunque él mismo no bautizaba, sino sus discípulos), (Juan 4, 2)
Por eso principalmente los judíos querían matarlo; porque no sólo violaba el sábado, sino que también llamaba a Dios su propio padre, haciéndose igual a Dios. (Juan 5, 18)
El Padre no juzga a nadie, sino que ha entregado al hijo toda potestad de juzgar, (Juan 5, 22)
Os aseguro que el que escucha mis palabras y cree en el que me ha enviado tiene vida eterna y no será condenado, sino que ha pasado de la muerte a la vida. (Juan 5, 24)
Yo no puedo hacer nada por mí mismo. Yo juzgo como me ordena el Padre, y mi juicio es justo porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. (Juan 5, 30)