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Pero sucedió que retiró la mano, y fue su hermano el que salió el primero. Ella dijo: "¡Vaya brecha que te has abierto!". Y lo llamó Fares. (Génesis 38, 29)
Su dueño vio que el Señor estaba con él y que hacía prosperar en sus manos todo cuanto él emprendía; (Génesis 39, 3)
Desde el momento en que le puso al frente de su casa y de todo cuanto tenía, el Señor bendijo la casa del egipcio en consideración a José. La bendición del Señor alcanzó a todo cuanto poseía, tanto en la casa como en el campo. (Génesis 39, 5)
Entonces dejó en las manos de José todo cuanto poseía; con él no tenía que preocuparse de nada, a no ser del alimento que tomaba. José era guapo y esbelto. (Génesis 39, 6)
Pero José se negó y le dijo: "Conmigo mi señor no se preocupa de lo que pasa en la casa y me ha confiado todo lo que tiene. (Génesis 39, 8)
Ni él es más poderoso que yo en esta casa. Nada me ha prohibido más que a ti, puesto que tú eres su mujer. ¿Cómo podría yo cometer un mal tan grande y pecar contra Dios?". (Génesis 39, 9)
Y por más que ella insistía todos los días, José no consintió en acostarse con ella para entregarse a ella. (Génesis 39, 10)
Un día entró José en la casa para sus quehaceres, y no había entonces en la casa ningún criado. (Génesis 39, 11)
Ella le agarró por sus vestidos y le dijo: "Acuéstate conmigo". Pero él, dejando sus vestidos entre sus manos, huyó y salió afuera. (Génesis 39, 12)
Ella, viendo que había dejado el manto entre sus manos y que había salido fuera, (Génesis 39, 13)
llamó a sus criados y les dijo: "Mirad, nos ha traído un hebreo para abusar de nosotros. Se acercó a mí para acostarse conmigo, pero yo me puse a gritar (Génesis 39, 14)
Entonces repitió lo mismo a su marido: "El hebreo que tú nos has traído se me acercó para abusar de mí, (Génesis 39, 17)