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y ya no vivo yo, pues es Cristo el que vive en mí. Mi vida presente la vivo en la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2, 20)
No rechazo la gracia de Dios; pues si la justicia se obtiene por la ley, entonces Cristo murió inútilmente. (Gálatas 2, 21)
¡Oh insensatos gálatas! ¿Quién os fascinó a vosotros, ante cuyos ojos fue presentada la figura de Jesucristo crucificado? (Gálatas 3, 1)
Solamente quiero saber esto de vosotros: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley o por haber aceptado la fe que os anunciaron? (Gálatas 3, 2)
Parece imposible que tantas experiencias hayan sido inútiles. (Gálatas 3, 4)
Como está escrito: Abrahán creyó en Dios y esto le fue contado como justicia. (Gálatas 3, 6)
Pues la Escritura, previendo que Dios justificaría por la fe a los paganos, anunció con anterioridad a Abrahán: En ti serán bendecidas todas las gentes. (Gálatas 3, 8)
De suerte que los que tienen fe son bendecidos con el creyente Abrahán. (Gálatas 3, 9)
Pero la ley no procede de la fe, sino que dice: El que cumpla estos preceptos, por ellos vivirá. (Gálatas 3, 12)
para que la bendición de Abrahán hecha en Cristo Jesús se extendiese a todas las naciones, a fin de que, mediante la fe, recibiésemos el Espíritu prometido. (Gálatas 3, 14)
Hermanos, voy a hablar a lo humano. Si un hombre hace un testamento en regla, nadie puede anularlo o modificarlo. (Gálatas 3, 15)
Ahora bien, Dios hizo las promesas a Abrahán y a su descendencia. No dice "a tus descendientes", como si fueran muchos, sino a tu descendencia, refiriéndose a Cristo. (Gálatas 3, 16)