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Dio a sus esclavos las manadas por separado y les dijo: "Id delante de mí, dejando un espacio entre manada y manada". (Génesis 32, 17)
Y al primero le dio esta orden: "Cuando te encuentre mi hermano Esaú y te pregunte: ¿De quién eres, adónde vas y de quién es el ganado que va delante?, (Génesis 32, 18)
le responderás: Es de tu siervo Jacob; un regalo que envía a mi señor, Esaú, y él mismo viene también detrás de nosotros". (Génesis 32, 19)
Dio la misma orden al segundo y al tercero y a todos los que iban detrás del ganado: "Así habéis de hablar a Esaú cuando lo encontréis; (Génesis 32, 20)
Mandó por delante los regalos y él pasó la noche en el campamento. (Génesis 32, 22)
Y el hombre añadió: "Tu nombre no será ya Jacob, sino Israel, porque te has peleado con Dios y con los hombres y has vencido". (Génesis 32, 29)
Jacob le preguntó: "Por favor, ¿cómo te llamas?". Él respondió: "¿Por qué quieres saber cómo me llamo?". Y allí mismo le bendijo. (Génesis 32, 30)
Salía el sol cuando pasó por Penuel, e iba cojeando del muslo. (Génesis 32, 32)
Ésta es la razón por la que los israelitas, aún hoy, no comen el nervio ciático, que está en la articulación del muslo, porque el ángel dio un golpe a Jacob en la articulación del muslo, en el nervio ciático. (Génesis 32, 33)
Esaú corrió a su encuentro, lo abrazó, se echó a su cuello y lo besó, y los dos se echaron a llorar. (Génesis 33, 4)
Esaú preguntó: "¿Qué significa todo ese ganado que he encontrado?". Jacob respondió: "Es para hallar gracia a los ojos de mi señor". (Génesis 33, 8)
Jacob continuó: "No, por favor, si he hallado gracia a tus ojos, acepta de mi mano ese regalo, porque me he presentado a ti como uno se presenta ante Dios y tú me has recibido bien. (Génesis 33, 10)