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pues yo no lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. (Gálatas 1, 12)
Conocéis mi conducta anterior dentro del judaísmo: con qué crueldad perseguía y trataba de aniquilar a la Iglesia de Dios, (Gálatas 1, 13)
y cómo aventajaba en el judaísmo a muchos de mi edad en conservar con todo rigor las tradiciones de mis antepasados. (Gálatas 1, 14)
Pero cuando Dios, que me había elegido desde el vientre de mi madre, me llamó por su gracia (Gálatas 1, 15)
Y no vi a ningún otro apóstol fuera de Santiago, el hermano del Señor. (Gálatas 1, 19)
y en cambio era desconocido personalmente por las iglesias cristianas de Judea. (Gálatas 1, 22)
Tan sólo oían decir: El que antes nos perseguía, ahora anuncia la fe que trataba de destruir; (Gálatas 1, 23)
y glorificaban a Dios por causa mía. (Gálatas 1, 24)
Al cabo de catorce años, volví a Jerusalén con Bernabé, llevando también a Tito. (Gálatas 2, 1)
Fui, impulsado por una revelación divina; y, en privado, expuse a los dirigentes el evangelio que predico a los paganos, para saber si estaba o no trabajando inútilmente. (Gálatas 2, 2)
Pero ni por un momento les prestamos sumisión, para que la verdad del evangelio persevere entre vosotros. (Gálatas 2, 5)
Los dirigentes no me añadieron nada -lo que ellos fueron antes, no me interesa, pues Dios no juzga por las apariencias-, (Gálatas 2, 6)