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y llamó a la luz día, y a las tinieblas noche. Hubo así tarde y mañana: día primero. (Génesis 1, 5)
El Señor Dios hizo germinar del suelo toda clase de árboles agradables a la vista y apetitosos para comer, el árbol de la vida, en medio del jardín, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. (Génesis 2, 9)
El primero se llama Pisón, y es el que rodea toda la tierra de Javilá, donde hay oro; (Génesis 2, 11)
El Señor Dios dio al hombre este mandato: "Puedes comer de todos los árboles del jardín; (Génesis 2, 16)
pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día en que comas, ciertamente morirás". (Génesis 2, 17)
La mujer respondió a la serpiente: "Nosotros podemos comer del fruto de los árboles del jardín. (Génesis 3, 2)
La mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir sabiduría. Tomó, pues, de su fruto y comió; dio también de él a su marido, que estaba junto a ella, y él también comió. (Génesis 3, 6)
El Señor Dios prosiguió: "¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo? ¿No habrás comido del árbol del que te prohibí comer?". (Génesis 3, 11)
El Señor Dios dijo a la serpiente: "Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los ganados y entre todas las bestias del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás del polvo de la tierra todos los días de tu vida. (Génesis 3, 14)
Ella te dará espinas y cardos, y comerás la hierba de los campos. (Génesis 3, 18)
Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste sacado; porque polvo eres y en polvo te has de convertir". (Génesis 3, 19)
Las aguas siguieron bajando hasta el mes décimo, y el primer día de este mes aparecieron las cimas de los montes. (Génesis 8, 5)