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como los descendientes de Eleazar eran más numerosos que los de Itamar, la clasificación quedó así: dieciséis jefes de familia entre los hijos de Eleazar y ocho entre los hijos de Itamar. (I Crónicas 24, 4)
La distribución se hizo por suerte entre unos y otros, pues tanto los descendientes de Eleazar como los de Itamar tenían funcionarios sagrados y funcionarios de Dios. (I Crónicas 24, 5)
Semayas, hijo de Natanael, un escriba levita, los registró en presencia del rey, de los jefes, del sacerdote Sadoc, de Ajimélec, hijo de Abiatar, y de los jefes de familias de sacerdotes y levitas: se sacaban alternativamente por suerte dos familias de los hijos de Eleazar y una familia de los hijos de Itamar. (I Crónicas 24, 6)
Hijos de Hebrón: Yesías, el primero; Amarías, el segundo; Yajaziel, el tercero; Yecamán, el cuarto. (I Crónicas 24, 23)
El jefe de la décima división, para el décimo mes, era Maray de Netofá, descendiente zerajita. (I Crónicas 27, 13)
Afirmaré su reino para siempre, si sigue practicando con la firmeza de hoy mis mandamientos y preceptos. (I Crónicas 28, 7)
David dejó a su hijo Salomón el modelo del pórtico, del cuerpo central, de las cámaras superiores, de las piezas interiores y de la cámara del propiciatorio. (I Crónicas 28, 11)
Le dejó también la descripción de todos sus proyectos respecto 2de los atrios del templo del Señor, las cámaras de alrededor, los tesoros del templo del Señor, los depósitos sagrados; (I Crónicas 28, 12)
Comieron y bebieron aquel día con gran regocijo en presencia del Señor y proclamaron rey por segunda vez a Salomón, hijo de David, ungiéndolo como príncipe delante del Señor. Sadoc fue asimismo ungido sacerdote. (I Crónicas 29, 22)
También yo estoy para construir un templo al nombre del Señor, mi Dios, para consagrarlo a él, quemar incienso y aromas ante él, tener siempre ante él los panes de la proposición, ofrecer holocaustos diarios, mañana y tarde, los sábados, los novilunios y las demás fiestas del Señor, nuestro Dios; así se hará siempre en Israel. (II Crónicas 2, 3)
Pero ¿quién sería capaz de construir un templo digno de él, cuando ni todos los cielos lo pueden contener? ¿Quién soy yo para construir un templo, aunque sea sólo para quemar incienso en su honor? (II Crónicas 2, 5)
Cuando llegaron los ancianos de Israel, los levitas tomaron el arca (II Crónicas 5, 4)