Encontrados 170 resultados para: Juan

  • Y es que Herodes había detenido a Juan, lo había encadenado y lo había metido en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo; (Mateo 14, 3)

  • pues Juan le decía: "No te es permitido tenerla". (Mateo 14, 4)

  • Ella, instigada por su madre, le dijo: "Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista". (Mateo 14, 8)

  • y envió a cortar la cabeza de Juan en la cárcel. (Mateo 14, 10)

  • Ellos le dijeron: "Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas". (Mateo 16, 14)

  • Jesús le respondió: "Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque eso no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. (Mateo 16, 17)

  • Seis días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano, y los llevó a un monte alto a solas. (Mateo 17, 1)

  • Entonces entendieron los discípulos que les había hablado de Juan el Bautista. (Mateo 17, 13)

  • El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres?". Ellos se hicieron este razonamiento: "Si decimos que del cielo, nos dirá: Entonces, ¿por qué no creísteis en él? (Mateo 21, 25)

  • Y si decimos que de los hombres, tememos a la gente, porque todos tienen a Juan por profeta". (Mateo 21, 26)

  • Porque Juan vino por el camino de la justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las prostitutas han creído en él. Pero vosotros, aun viendo esto, no os habéis arrepentido ni creído en él". (Mateo 21, 32)

  • Juan Bautista se presentó en el desierto bautizando y predicando un bautismo para la conversión y el perdón de los pecados. (Marcos 1, 4)


“Pobres e desafortunadas as almas que se envolvem no turbilhão de preocupações deste mundo. Quanto mais amam o mundo, mais suas paixões crescem, mais queimam de desejos, mais se tornam incapazes de atingir seus objetivos. E vêm, então, as inquietações, as impaciências e terríveis sofrimentos profundos, pois seus corações não palpitam com a caridade e o amor. Rezemos por essas almas desafortunadas e miseráveis, para que Jesus, em Sua infinita misericórdia, possa perdoá-las e conduzi-las a Ele.” São Padre Pio de Pietrelcina