Mosaico decorativo

Encontrados 3248 resultados para: Jer

  • Apenas terminó el consejo, Nabucodonosor, rey de Asiria, llamó a Holofernes, general jefe de su ejército, y le dijo: (Judit 2, 4)

  • Holofernes salió y convocó a los generales, capitanes y oficiales del ejército asirio. (Judit 2, 14)

  • Ante la presencia del rey Nabucodonosor partió la expedición de Holofernes con su ejército para invadir todos los países occidentales con sus carros, caballería y soldados escogidos de infantería. (Judit 2, 19)

  • Desde allí penetró con su ejército, infantería, caballería y carros, en la región montañosa. (Judit 2, 22)

  • Holofernes bajó con su ejército hacia la costa, dejando guarniciones en las ciudades fortificadas y reclutando cuidadosamente, como refuerzo, fuerzas subsidiarias. (Judit 3, 6)

  • Acampó entre Gabá y Escitópolis, donde permaneció un mes para reorganizar el aprovisionamiento de su ejército. (Judit 3, 10)

  • se llenaron de pánico y se angustiaron al tenerlo a las puertas, pensando en Jerusalén y en su templo. (Judit 4, 2)

  • Así que dieron la voz de alarma a los montes de Samaría, Coná, Bejorón, Belmain, Jericó, Joba, Ajsora y al valle de Salén. (Judit 4, 4)

  • El sumo sacerdote Joaquín, que por entonces residía en Jerusalén, escribió a los habitantes de Betulia y de Betomestain, situada frente a Esdrelón, hacia la llanura de Dotán. (Judit 4, 6)

  • Los israelitas hicieron como les había ordenado el sumo sacerdote Joaquín y el consejo de ancianos del pueblo de Israel, que habitaban en Jerusalén. (Judit 4, 8)

  • Todos los israelitas, hombres, mujeres y niños que habitaban en Jerusalén, se postraron ante el templo, se cubrieron de ceniza sus cabezas y se ciñeron con saco ante el Señor. (Judit 4, 11)

  • Rodearon también el altar con sacos, y todos juntos pidieron fervorosamente al Dios de Israel que no entregase sus hijos al pillaje, que no fuesen sus mujeres arrebatadas ni sus ciudades destruidas y que el templo no fuese profanado y ultrajado por paganos. (Judit 4, 12)


"As almas! As almas! Se alguém soubesse o preço que custam". São Padre Pio de Pietrelcina