Encontrados 980 resultados para: Ili
y la llevaron junto con la tienda de la reunión y todos los utensilios sagrados que había en ella. La llevaron los sacerdotes y los levitas. (I Reyes 8, 4)
Salomón inmoló, como sacrificio de reconciliación ofrecido al Señor, veintidós mil toros y ciento veinte mil ovejas. De esta manera, el rey y todos los israelitas celebraron la dedicación del templo del Señor. (I Reyes 8, 63)
En aquel día el rey consagró el centro del atrio que estaba delante del templo del Señor, pues allí ofreció los holocaustos, las ofrendas y las grasas de los sacrificios de reconciliación, porque el altar de bronce que estaba delante del Señor era pequeño para tantos holocaustos, ofrendas y grasas de los sacrificios de reconciliación. (I Reyes 8, 64)
Tres veces al año ofrecía Salomón holocaustos y sacrificios de reconciliación sobre el altar que había levantado y quemaba incienso delante del Señor cuando hubo ultimado el templo. (I Reyes 9, 25)
La importación de caballos destinados a Salomón procedía de Musur y Cilicia, donde los mercaderes del rey los compraban al contado. (I Reyes 10, 28)
Roboán siguió reinando sobre los israelitas domiciliados en las ciudades de Judá. (I Reyes 12, 17)
Basá, hijo de Ajías, de la casa de Isacar, conspiró contra él, y le asesinó junto a Guibetón de los filisteos, mientras Nadab y todo Israel la estaban asediando. (I Reyes 15, 27)
El año veintisiete de Asá, rey de Judá, subió al trono Zimrí. Reinó siete días en Tirsá. Mientras el pueblo estaba sitiando a Guibetón de los filisteos, (I Reyes 16, 15)
Cuando Ajab oyó aquellas palabras, rasgó sus vestiduras, se vistió de saco y ayunó. Se acostaba con el cilicio y andaba muy afligido. (I Reyes 21, 27)
Los vecinos de la ciudad dijeron a Eliseo: "Mira, en esta ciudad se vive bien, como mi señor ve; pero las aguas son malas y esterilizan la tierra". (II Reyes 2, 19)
Y fue al manantial del agua, y echó allí la sal, diciendo: "Esto dice el Señor: Yo saneo estas aguas; no se originará de ellas en adelante muerte ni esterilidad". (II Reyes 2, 21)
Cuando el rey oyó las palabras de aquella mujer, rasgó sus vestiduras y, como pasaba sobre la muralla, la gente vio que llevaba interiormente el cilicio a raíz de la carne. (II Reyes 6, 30)