Encontrados 1389 resultados para: Hombre Natural
Si un hombre se oculta en escondrijo, ¿no le veré yo acaso? -dice el Señor-. ¿Es que los cielos y la tierra no los lleno yo? -dice el Señor-. (Jeremías 23, 24)
Cuando un hombre de este pueblo, o un profeta, o un sacerdote te pregunte: "¿Cuál es la carga del Señor?", responderás: "¡Vosotros sois la carga del Señor, y yo os rechazaré!". (Jeremías 23, 33)
Y al profeta, al sacerdote, al hombre del pueblo que diga: "¡Carga del Señor!", yo le castigaré a él y a su casa. (Jeremías 23, 34)
Los sacerdotes y los profetas dijeron a los magistrados y a todo el pueblo: "Este hombre debe ser condenado a muerte porque ha profetizado contra la ciudad, como habéis escuchado con vuestros propios oídos". (Jeremías 26, 11)
Entonces los magistrados y el pueblo entero dijeron a los sacerdotes y a los profetas: "Este hombre no debe ser condenado a muerte, porque nos ha hablado en el nombre del Señor, nuestro Dios". (Jeremías 26, 16)
Hubo también otro hombre que profetizaba en nombre del Señor: Urías, hijo de Semayas, de Quiriat Yearín; él profetizó contra esta ciudad y este país exactamente lo mismo que Jeremías. (Jeremías 26, 20)
Aquel mismo año, al comienzo del reinado de Sedecías, rey de Judá, el quinto mes del año cuarto, el profeta Ananías, hijo de Azur, natural de Gabaón, me dijo en el templo del Señor delante de los sacerdotes y de todo el pueblo: (Jeremías 28, 1)
Preguntad y mirad: ¿puede dar a luz un varón? ¿Por qué, si no, veo a todo hombre con las manos en las caderas como mujer en parto? ¿Por qué todos los rostros descompuestos, lívidos? (Jeremías 30, 6)
y los llevé al templo del Señor, a la sala de Benhanán, hombre de Dios, la que está junto a la sala de los dignatarios, encima de la de Maasías, hijo de Salún, guardián de la puerta. (Jeremías 35, 4)
Aquellos dignatarios dijeron al rey: "Pedimos la muerte de este hombre, que desalienta a los combatientes que quedan en esta ciudad y a todo el pueblo, al hablarles en tales términos. Es evidente que este hombre no busca el bien de este pueblo, sino su desgracia". (Jeremías 38, 4)
Entonces todo hombre se siente estúpido, insensato; todo orfebre se avergüenza de su ídolo, porque lo que ha fundido no es más que mentira, que carece de aliento. (Jeremías 51, 17)
contigo he machacado hombre y mujer, contigo he machacado anciano y niño, contigo he machacado joven y doncella, (Jeremías 51, 22)