Encontrados 2995 resultados para: Hijo Del Hombre
Tú eres justo y gobiernas el universo con justicia, y consideras incompatible con tu poder condenar a un hombre que no merezca ser castigado. (Sabiduría 12, 15)
Desgraciados, en cambio, y con la esperanza puesta en cosas muertas, los que llamaron dioses a obras de manos de hombre: oro y plata trabajados con arte, figuras de animales, o a una piedra inútil, obra de mano antigua. (Sabiduría 13, 10)
El último desperdicio que para nada sirve ya, un tronco retorcido y nudoso, lo toma y lo talla para entretener su ociosidad; y, como ensayando su pericia, lo modela, dándole forma de hombre. (Sabiduría 13, 13)
Pero maldito el ídolo hecho por mano de hombre, maldito él y su hacedor. Éste, porque lo fabricó; aquél, porque, siendo una cosa corruptible, fue llamado dios. (Sabiduría 14, 8)
Afligido un padre por un luto prematuro, manda hacer una imagen del hijo tan presto arrebatado; honra hoy como a dios al ayer hombre muerto, y establece entre los suyos ritos y misterios. (Sabiduría 14, 15)
Y la multitud, reducida por el encanto de la obra, tiene ahora como ser divino al que poco antes tenía como hombre. (Sabiduría 14, 20)
Pues los hizo un hombre, y el que tiene el espíritu prestado los formó. Pues ningún hombre es capaz de formar un dios que sea semejante a él. (Sabiduría 15, 16)
El hombre puede matar en su maldad, pero no hacer que retorne el espíritu que se fue, ni liberar al alma una vez cautiva. (Sabiduría 16, 14)
Para que los hijos que tú amas, Señor, aprendiesen que no es la variedad de frutos lo que sustenta al hombre, sino tu palabra, que conserva a los que creen en ti. (Sabiduría 16, 26)
Los que eran completamente incrédulos a causa de las artes mágicas, ante la pérdida de sus primogénitos reconocieron que este pueblo era hijo de Dios. (Sabiduría 18, 13)
Porque pronto un hombre irreprochable vino como adalid, empuñando las armas de su propio ministerio, la oración y el incienso expiatorio, y resistió la cólera y puso fin al azote, mostrando así que era siervo tuyo. (Sabiduría 18, 21)
El hombre paciente aguanta hasta el tiempo preciso, pero al fin brota para él la alegría; (Eclesiástico 1, 23)