Encontrados 804 resultados para: Fuente De Vida
Pero él prefirió una muerte gloriosa a una vida de ignominia, e iba por su propia voluntad al suplicio, (II Macabeos 6, 19)
escupiendo la carne, como deben hacer con valentía los que con valor intentan abstenerse de aquellas cosas que no les es lícito gustar por amor a la vida. (II Macabeos 6, 20)
Pero él, elevándose a más altas resoluciones, dignas de su edad y de su venerable ancianidad, de sus cabellos ya blancos y de su vida irreprensible desde la infancia, y sobre todo de las santas leyes establecidas por Dios, respondió que prefería que lo llevaran a la muerte. (II Macabeos 6, 23)
Por tanto, renunciaré valientemente a mi vida y me mostraré digno de mi ancianidad, (II Macabeos 6, 27)
A punto de expirar, dijo: "Tú, criminal, nos quitas la vida presente; pero el rey del mundo nos dará después una vida eterna a los que morimos por sus leyes". (II Macabeos 7, 9)
Ya a punto de morir, dijo: "Es preferible sucumbir a manos de hombres, teniendo en Dios la esperanza de ser resucitados de nuevo por él. Pero para ti no habrá resurrección para la vida". (II Macabeos 7, 14)
les decía: "No sé yo cómo habéis aparecido en mi seno, puesto que no he sido yo la que os ha dado el espíritu y la vida, ni la que unió los miembros de vuestro cuerpo. (II Macabeos 7, 22)
Dios, creador del mundo, que formó el género humano y ha creado cuanto existe, él os dará de nuevo el espíritu y la vida por su misericordia, ya que por sus santas leyes la despreciáis". (II Macabeos 7, 23)
El niño no le hacía caso, por lo cual el rey llamó a la madre y le indicó que aconsejara a su hijo para que pudiera salvar la vida. (II Macabeos 7, 25)
Mis hermanos están ya en posesión de una promesa de vida eterna por haber sufrido un breve tormento. En cambio, tú sufrirás las penas debidas a tu soberbia. (II Macabeos 7, 36)
Yo, como mis hermanos, entrego mi cuerpo y mi vida por las leyes patrias, pidiendo a Dios que muestre pronto su misericordia con su pueblo, y a ti, con tormentos y castigos, te obligue a confesar que sólo él es Dios. (II Macabeos 7, 37)
De esta forma pasó de esta vida aquel homicida y blasfemo, sufriendo tormentos atroces. Murió entre montes y en tierra extraña, con una muerte miserable. (II Macabeos 9, 28)