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Los jefes de las provincias, los sátrapas, los gobernadores y los funcionarios reales defendían a los judíos por miedo a Mardoqueo. (Ester 9, 3)
Los demás judíos que habitaban el reino también se reunieron para defenderse y deshacerse de sus enemigos, matando setenta y cinco mil enemigos, pero sin saquear sus bienes. (Ester 9, 16)
ordenando celebrar los días de purim y en su fecha exacta, según habían establecido el judío Mardoqueo y la reina Ester, y cómo se habían obligado ellos y su descendencia en cuanto a ayunos y lamentaciones. (Ester 9, 31)
El mandato de Ester dio valor de ley a lo referente a purim, y fue escrito en un libro. (Ester 9, 32)
Todas las manifestaciones de su poder y de su valor y la descripción de la grandeza a la que elevó a Mardoqueo está escrito en las crónicas de los reyes de Media y Persia. (Ester 10, 2)
Estos dos días, el trece y el catorce del mes de adar, serán festejados eternamente en presencia de Dios con alegría y gozo por todo el pueblo de Israel". (Ester 10, 13)
El rey los sometió a interrogatorio; y ellos confesaron y fueron condenados a muerte. (Ester 12, 3)
Copia del decreto: "El gran rey Asuero a los gobernadores de las ciento veintisiete provincias, desde India hasta Etiopía, y a los jefes locales que le están sometidos: (Ester 13, 1)
Como jefe de pueblos incontables y señor de toda la tierra, no quiero abusar de la grandeza de mi poderío, sino gobernar a mis vasallos con moderación y clemencia para que pasen una vida tranquila, sin temores, y gocen de la paz tan deseada por todos los hombres. (Ester 13, 2)
nos ha informado que, disperso entre todas las naciones de la tierra, existe un pueblo odioso por sus leyes, de costumbres contrarias a las de los demás pueblos y que siempre desprecia las órdenes del rey, impidiendo así que produzcan efecto las disposiciones de gobierno que de mí emanan. (Ester 13, 4)
No sólo oprimen a nuestros súbditos, sino que, insatisfechos de los honores recibidos, maquinan contra sus mismos bienhechores. (Ester 16, 3)
pues abusaron con refinada perversidad de la buena fe e hidalguía de los príncipes. (Ester 16, 6)