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trajeron camas, mantas, copas y vasos de barro, trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas, (II Samuel 17, 28)
Porque toda la familia de mi padre es merecedora de la muerte por parte de mi señor, el rey; y, sin embargo, tú has admitido a tu siervo entre los que comen a tu mesa. ¿Qué derecho puedo tener yo para implorar todavía al rey?". (II Samuel 19, 29)
Barzilay, el galaadita, fue también a Roguelín y continuó con el rey para guiarle hasta el Jordán. (II Samuel 19, 32)
Barzilay era muy viejo. Tenía ochenta años. Él había provisto al rey durante su permanencia en Majanayín, pues era un hombre muy rico. (II Samuel 19, 33)
El rey dijo a Barzilay: "Ven conmigo, y yo te proveeré en las necesidades de tu vejez junto a mí, en Jerusalén". (II Samuel 19, 34)
Pero Barzilay dijo al rey: "¿Cuántos años me quedan de vida para ir con el rey a Jerusalén? (II Samuel 19, 35)
Todo el pueblo pasó el Jordán; el rey pasó también. El rey besó a Barzilay y le bendijo, y éste se volvió a su casa. (II Samuel 19, 40)
Joab preguntó a Amasá: "¿Estás bien, hermano mío?". Y con la mano derecha le agarró de la barba, como para besarle. (II Samuel 20, 9)
Entonces el rey convocó a los gabaonitas y les habló (los gabaonitas no eran israelitas, sino un resto de los amorreos; pero los israelitas estaban ligados a ellos con juramento y, sin embargo, Saúl había intentado exterminarlos en su celo por Israel y Judá). (II Samuel 21, 2)
pero a los dos hijos que Rispá, hija de Ayá, había dado a Saúl, Armoní y Meribaal, y a los cinco hijos que Merab, hija de Saúl, había dado a Adriel, hijo de Barzilay, de Mejolá, (II Samuel 21, 8)
Perseguí a mis enemigos, les di alcance; no me volví hasta acabar con ellos. (II Samuel 22, 38)
Yo los deshice como polvo al viento, los aplasté como el barro del camino. (II Samuel 22, 43)