Encontrados 4380 resultados para: Alianza Con Dios
Esperamos que, así como Dios salvó a todo su pueblo y le dio la tierra de promisión, el reino, el sacerdocio y el santuario, (II Macabeos 2, 17)
Todos imploraban al Dios omnipotente que los depósitos fueran guardados con seguridad para quienes los habían depositado. (II Macabeos 3, 22)
Estaba ya con su escolta junto al tesoro del templo, cuando el Señor de los espíritus y rey de todo poder se manifestó con tan gran majestad que todos los que se habían atrevido a entrar en el templo, fulminados a la vista del poder de Dios, quedaron impotentes y atemorizados. (II Macabeos 3, 24)
Así era llevado, incapaz de valerse por sí mismo, aquel que poco antes había entrado arrogante en la sala del tesoro con gran séquito y numerosa escolta, reconociendo todos claramente el poder de Dios. (II Macabeos 3, 28)
Los judíos bendecían al Señor, que había glorificado su santuario y había llenado de gozo y alegría aquel templo, poco antes inundado de temor y de turbación, por la extraordinaria manifestación de Dios. (II Macabeos 3, 30)
Tú, castigado por el cielo, publica a todos el gran poder de Dios". Dicho esto, desaparecieron. (II Macabeos 3, 34)
Daba testimonio ante todos de las cosas maravillosas que había visto con sus mismos ojos, realizadas por Dios. (II Macabeos 3, 36)
Encendido en indignación, quitó inmediatamente la púrpura a Andrónico e hizo que le rasgaran las vestiduras y lo llevaran por toda la ciudad hasta el lugar donde había cometido el crimen contra Onías. Allí mismo mandó matar al asesino; Dios le dio así el castigo merecido. (II Macabeos 4, 38)
Pero Dios no había escogido el pueblo para el templo, sino el templo para el pueblo. (II Macabeos 5, 19)
Por esto, también el templo ha participado de las desgracias del pueblo, así como después estuvo asociado a sus beneficios; y aunque fuera abandonado a la ira del omnipotente, fue exaltado de nuevo gloriosamente en la reconciliación del gran Dios. (II Macabeos 5, 20)
No mucho después el rey envió a un senador ateniense, con el fin de obligar a los judíos a dejar las leyes paternas y a no gobernarse según las leyes de Dios. (II Macabeos 6, 1)
Pero él, elevándose a más altas resoluciones, dignas de su edad y de su venerable ancianidad, de sus cabellos ya blancos y de su vida irreprensible desde la infancia, y sobre todo de las santas leyes establecidas por Dios, respondió que prefería que lo llevaran a la muerte. (II Macabeos 6, 23)