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Con las pieles de los cabritos cubrió sus manos y la parte lisa de su cuello, (Génesis 27, 16)
y puso en las manos de Jacob el guiso que ella había preparado y el pan. (Génesis 27, 17)
Isaac dijo a su hijo: "¿Cómo la has encontrado tan pronto, hijo mío?". Él respondió: "Porque el Señor, tu Dios, me la ha puesto en las manos". (Génesis 27, 20)
Jacob se acercó a su padre Isaac, el cual, después de haberle palpado, dijo: "La voz es la voz de Jacob, pero las manos son las manos de Esaú". (Génesis 27, 22)
Y no le reconoció porque las manos eran velludas como las de su hermano Esaú, y se dispuso a bendecirle. (Génesis 27, 23)
Que los pueblos te sirvan y las naciones se inclinen ante ti. Sé señor de tus hermanos e inclínense ante ti los hijos de tu madre. Maldito sea el que te maldiga y bendito el que te bendiga". (Génesis 27, 29)
Tan pronto como Isaac acabó de bendecir a Jacob y éste salió de su presencia, volvió de la caza su hermano Esaú. (Génesis 27, 30)
Pero éste respondió: "Tu hermano ha venido con engaño y se ha llevado tu bendición". (Génesis 27, 35)
Isaac le respondió: "Yo le he constituido señor tuyo y le he dado por siervos a todos sus hermanos; le he provisto de trigo y de vino, ¿qué puedo hacer ahora por ti, hijo mío?". (Génesis 27, 37)
Vivirás de tu espada y servirás a tu hermano; pero cuando te subleves sacudirás su yugo de tu cuello". (Génesis 27, 40)
Desde entonces Esaú aborreció a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y se dijo: "Están próximos los días en que se hará el duelo por mi padre; entonces mataré a mi hermano Jacob". (Génesis 27, 41)
Le contaron a Rebeca las palabras de su hijo mayor. Ella mandó llamar a Jacob, su hijo menor, y le dijo: "Mira, Esaú, tu hermano, quiere vengarse de ti matándote. (Génesis 27, 42)