Encontrados 36 resultados para: Lenguas

  • Estos son los hijos de Cam,según sus familias y lenguas, por sus territorios y naciones respectivas. (Génesis 10, 20)

  • Estos son los hijos de Sem, según sus familias, lenguas, y según sus países y naciones. (Génesis 10, 31)

  • Pero él destruyó sus templos, cortó los árboles de sus bosques sagrados y destruyó todas las divinidades para que los hombres de todas las lenguas y todas las tribus adoraran solamente a Nabucodonosor y lo proclamaran dios. (Judit 3, 8)

  • Dispérsalos, Señor, confúndeles las lenguas, pues violencia y discordia he visto en la ciudad; (Salmos 55, 10)

  • Afilaron sus lenguas como espada, tienen sus flechas, palabras de amenaza, (Salmos 64, 4)

  • que cual serpiente afilan sus lenguas y un veneno de víbora hay en sus labios. (Salmos 140, 4)

  • El que actúa con doblez no hallará la felicidad; las malas lenguas caerán en desgracia. (Proverbios 17, 20)

  • Por eso, en cuanto se oyó la trompeta, la flauta, la cítara, la sambuca, el salterio, la zampoña y toda clase de música, los hombres de todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro erigida por el rey Nabucodonosor. (Daniel 3, 7)

  • Estas señales acompañarán a los que crean: en mi Nombre echarán demonios y hablarán nuevas lenguas; (Evangelio según San Marcos 16, 17)

  • y aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos. (Hecho de los Apóstoles 2, 3)

  • Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía que se expresaran. (Hecho de los Apóstoles 2, 4)

  • cretenses y árabes. Y todos les oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios.» (Hecho de los Apóstoles 2, 11)


“Menosprezai vossas tentações e não vos demoreis nelas. Imaginai estar na presença de Jesus. O crucificado se lança em vossos braços e mora no vosso coração. Beijai-Lhe a chaga do lado, dizendo: ‘Aqui está minha esperança; a fonte viva da minha felicidade. Seguro-vos, ó Jesus, e não me aparto de vós, até que me tenhais posto a salvo’”. São Padre Pio de Pietrelcina