Mosaico decorativo

Encontrados 943 resultados para: Ciudad Fortificada

  • Así como se funde la plata en el horno, así serán fundidos en medio de la ciudad y sabrán que yo Yavé fui quien desencadenó mi cólera contra ustedes." (Ezequiel 22, 22)

  • Entonces dije de esa ciudad carcomida por el vicio: "¡Qué prostituta! (Ezequiel 23, 43)

  • Y ahora, esto dice Yavé: "¡Ay de la ciudad sanguinaria! Es una olla oxidada y el óxido no sale, vacíala pieza por pieza sin elegir. (Ezequiel 24, 6)

  • Por eso, esto dice Yavé: ¡Ay de la ciudad sanguinaria! Yo también preparo una gran hoguera, (Ezequiel 24, 9)

  • Entrará por las puertas en la ciudad tomada por asalto, las patas de sus caballos te cubrirán de polvo, el estruendo de los animales de tiro, de las carretas y de los carros hará temblar tus fortificaciones, (Ezequiel 26, 10)

  • Entonces cantarán por ti este canto fúnebre: ¿Dónde está la ciudad famosa a la que sus habitantes daban tanto prestigio? (Ezequiel 26, 17)

  • Sí, Yavé lo dijo: Te convertiré en una ciudad desierta, como las ciudades abandonadas. El océano te arrasará, sus olas pasarán por encima de ti. (Ezequiel 26, 19)

  • Le dirás a Tiro, la ciudad instalada a la salida de los mares, el gran mercado de los pueblos y de las innumerables islas: Palabra de Yavé..!. ¿No decías tú, Tiro: Soy perfectamente bella? (Ezequiel 27, 3)

  • ( ) La espada atacará de todas partes, los muertos se amontonarán en la ciudad: entonces sabrán que yo soy Yavé. (Ezequiel 28, 23)

  • Los jóvenes de On y de Pi-Beset morirán a espada: la ciudad se irá al cautiverio. (Ezequiel 30, 17)

  • El año undécimo de nuestro destierro, el cinco del décimo mes, llegó a mi casa un fugitivo de Jerusalén, me dijo: "La ciudad cayó". (Ezequiel 33, 21)

  • Era el comienzo del año vigésimo quinto de nuestro exilio; el diez del mes, catorce años después de la caída de la ciudad; ese día la mano de Yavé se posó sobre mí y me llevó. (Ezequiel 40, 1)


"O Senhor se comunica conosco à medida que nos libertamos do nosso apego aos sentidos, que sacrificamos nossa vontade própria." São Padre Pio de Pietrelcina