Mosaico decorativo

Znaleziono 1933 Wyniki dla: Sin

  • Con él no hay más que un brazo de carne, pero con nosotros está el Señor, nuestro Dios, para socorrernos y combatir a nuestro lado". El pueblo se sintió reconfortado por las palabras de Ezequías, rey de Judá. (II Crónicas 32, 8)

  • Entonces el Señor envió un ángel que aniquiló a todos los guerreros valientes, a los jefes y a los oficiales en el campamento del rey de Asiria. Este tuvo que volver a su país, completamente avergonzado, y allí, al entrar en el templo de su dios, algunos de sus hijos lo asesinaron. (II Crónicas 32, 21)

  • Sin embargo, durante las conversaciones con los príncipes de Babilonia, enviados para informarse sobre la señal extraordinaria ocurrida en el país, Dios lo abandonó para ponerlo a prueba y conocer sus sentimientos. (II Crónicas 32, 31)

  • El pueblo, sin embargo, continuaba ofreciendo sacrificios en los lugares altos, aunque sólo al Señor, su Dios. (II Crónicas 33, 17)

  • Pero no se humilló delante del Señor, como se había humillado su padre Manasés, sino que multiplicó sus culpas. (II Crónicas 33, 23)

  • Hizo lo que es recto a los ojos del Señor y siguió los caminos de su padre David, sin apartarse ni a la derecha ni a la izquierda. (II Crónicas 34, 2)

  • pero Necao le envió mensajeros para decirle: "¿Qué hay entre nosotros, rey de Judá? Ahora no vengo contra ti, sino contra una dinastía que me hace la guerra. Dios me ha dicho que me apure. No te opongas a Dios, que está conmigo, no sea que él te destruya". (II Crónicas 35, 21)

  • Pero Josías no cedió, y se obstinó en combatirlo. Sin escuchar las palabras de Necao, que procedían de la boca de Dios, fue a presentarle batalla en la llanura de Meguido. (II Crónicas 35, 22)

  • Entonces Dios hizo subir contra ellos al rey de los caldeos, y este hizo morir por la espada a sus jóvenes en el interior de su Santuario, sin perdonar a nadie, ni joven ni virgen, ni anciano ni hombre encanecido: los entregó a todos en sus manos. (II Crónicas 36, 17)

  • Entonces los jefes de familia de Judá y de Benjamín, los sacerdotes y los levitas, y todos los que se sintieron movidos por Dios, se pusieron en camino para ir a reconstruir la Casa del Señor que está en Jerusalén. (Esdras 1, 5)

  • los hijos de Resín, los hijos de Necodá, los hijos de Gazám, (Esdras 2, 48)

  • sin contar sus esclavos y esclavas, que eran 7.337. Había también 200 cantores y cantoras, (Esdras 2, 65)


"Subamos sem nos cansarmos, sob a celeste vista do Salvador." São Padre Pio de Pietrelcina