Mosaico decorativo

Znaleziono 1704 Wyniki dla: Pueblo Hebreo

  • Con él no hay más que un brazo de carne, pero con nosotros está el Señor, nuestro Dios, para socorrernos y combatir a nuestro lado". El pueblo se sintió reconfortado por las palabras de Ezequías, rey de Judá. (II Crónicas 32, 8)

  • Después de esto, Senaquerib, rey de Asiria, que se encontraba en Laquis con todas sus tropas, envió a sus servidores a Jerusalén para decir a Ezequías, rey de Judá, y a todo el pueblo de Judá que estaba en Jerusalén: (II Crónicas 32, 9)

  • Entre todos los dioses de esas naciones que mis padres consagraron al exterminio, ¿hubo alguno capaz de librar a su pueblo de mis manos? ¡Tampoco su dios podrá entonces librarlos a ustedes! (II Crónicas 32, 14)

  • ¡Que Ezequías no los engañe ni los seduzca de esa manera! No le crean, porque ningún dios de ninguna nación ni de ningún reino pudo salvar a su pueblo de mis manos ni de las manos de mis padres: ¡cuánto menos su dios podrá librarlos a ustedes!". (II Crónicas 32, 15)

  • Senaquerib escribió una carta para ultrajar al Señor, el Dios de Israel, y desafiarlo en estos términos: "Así como en los otros países los dioses de las naciones no han podido librar a sus pueblos, tampoco podrá el dios de Ezequías librar a su pueblo de mis manos". (II Crónicas 32, 17)

  • Los servidores de Senaquerib gritaban a voz en cuello, en lengua hebrea, al pueblo de Jerusalén que se hallaba sobre la muralla, para intimidarlos y asustarlos, a fin de apoderarse de la ciudad. (II Crónicas 32, 18)

  • El señor habló a Manasés y a su pueblo, pero ellos no le prestaron atención. (II Crónicas 33, 10)

  • El pueblo, sin embargo, continuaba ofreciendo sacrificios en los lugares altos, aunque sólo al Señor, su Dios. (II Crónicas 33, 17)

  • Pero el pueblo del país mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón, y el mismo pueblo proclamó rey en lugar de él a su hijo Josías. (II Crónicas 33, 25)

  • Luego subió a la Casa del Señor, acompañado de todos los hombres de Judá y de los habitantes de Jerusalén -los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo, desde el más grande al más pequeño- y les leyó todas las palabras del libro de la Alianza, que había sido hallado en la Casa del Señor. (II Crónicas 34, 30)

  • Luego dijo a los levitas que instruían a todo Israel y estaban consagrados al Señor: "Pongan el Arca santa en el Templo que edificó Salomón, hijo de David, rey de Israel: ya no tendrán que llevarla sobre los hombros. Ahora sirvan al Señor, su Dios, y a su pueblo Israel. (II Crónicas 35, 3)

  • Ocupen el sitio que les corresponde en el Santuario, según los grupos de las familias de sus hermanos, la gente del pueblo, de manera que a cada familia le corresponda una sección de los levitas. (II Crónicas 35, 5)


"Quem te agita e te atormenta é o demônio. Quem te consola é Deus!" São Padre Pio de Pietrelcina