Znaleziono 4167 Wyniki dla: Poder De Dios
Es bueno tomar un partido sin descartar la posibilidad del otro: el que teme a Dios sacará provecho del uno y de lo otro. (Eclesiastés (Qohelet) 7, 18)
Saqué esta conclusión: que la mujer es más amarga que la muerte; ella es para el hombre una trampa, su corazón es una red y sus brazos, cadenas. El que agrada a Dios se escapa de ella, pero el pecador se deja atrapar. (Eclesiastés (Qohelet) 7, 26)
Y esto es lo que vi: Dios hizo sencillo al ser humano, pero ellos se han buscado mil problemas. (Eclesiastés (Qohelet) 7, 29)
Obedece la orden del rey, ya que le juraste fidelidad ante Dios. (Eclesiastés (Qohelet) 8, 2)
Todo eso lo vi mientras reflexionaba sobre todo lo que pasa bajo el sol, durante el tiempo en que los hombres tienen poder para hacerse el mal unos a otros. (Eclesiastés (Qohelet) 8, 9)
Pues por màs que el pecador haga cien veces lo que es malo, se le deja todo su tiempo. (Sé sin embargo que la felicidad es para los que temen a Dios y que lo respetan. (Eclesiastés (Qohelet) 8, 12)
La felicidad no es para el malo; no prolongará sus días sino que pasará como una sombra porque no tiene el temor de Dios). (Eclesiastés (Qohelet) 8, 13)
¡Viva la alegría!, pues la única felicidad para el hombre bajo el sol es comer y beber y regocijarse: esto le toca por su trabajo a lo largo de los contados días que Dios le concedió vivir bajo el sol. (Eclesiastés (Qohelet) 8, 15)
Observé la obra de Dios en su conjunto: el hombre no puede encontrarle un sentido a la obra que se hace bajo el sol. Por más que el hombre se fatigue y busque, nada encuentra, e incluso cuando el sabio pretende saber, no ha encontrado nada. (Eclesiastés (Qohelet) 8, 17)
Reflexioné pues en todo eso y vi claramente que los justos, los sabios y sus obras están en las manos de Dios. ¿Lo quiere él o no? Los hombres no lo saben: les puede pasar cualquier cosa. (Eclesiastés (Qohelet) 9, 1)
Anda, pues, come tu pan alegremente y bebe gustoso tu vino, porque Dios ha bendecido tus trabajos. (Eclesiastés (Qohelet) 9, 7)
La sabiduría tiene más poder que las armas: pero bastan los errores de una sola persona para destruir mucho bien. (Eclesiastés (Qohelet) 9, 18)