Mosaico decorativo

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  • Ella libró de una nación opresora a un pueblo santo y a una raza irreprochable. (Sabiduría 10, 15)

  • De este modo los justos despojaron a los impíos; entonaron cantos, Señor, a tu santo Nombre y unánimes celebraron tu mano protectora, (Sabiduría 10, 20)

  • Tuvieron sed y te invocaron: de una roca abrupta se les dio agua, de una piedra dura, remedio para su sed. (Sabiduría 11, 4)

  • En vez de la fuente perenne de un río enturbiado por una mezcla de sangre y barro (Sabiduría 11, 6)

  • pues una doble tristeza se apoderó de ellos, y un lamento con el recuerdo del pasado: (Sabiduría 11, 12)

  • pues al que antes hicieron exponer y luego rechazaron con escarnio, al final de los acontecimientos le admiraron después de padecer una sed bien diferente de la de los justos. (Sabiduría 11, 14)

  • Como lo que basta a inclinar una balanza, es el mundo entero en tu presencia, como la gota de rocío que a la mañana baja sobre la tierra. (Sabiduría 11, 22)

  • para que la tierra que te era la más apreciada de todas, recibiera una digna colonia de hijos de Dios. (Sabiduría 12, 7)

  • No porque no pudieses en batalla campal entregar a los impíos en manos de los justos, o aniquilarlos de una vez con feroces fieras o con una palabra inexorable, (Sabiduría 12, 9)

  • sino que les concedías, con un castigo gradual, una ocasión de arrepentirse; aun sabiendo que era su natural perverso, su malicia innata, y que jamás cambiaría su manera de pensar (Sabiduría 12, 10)

  • por ser desde el comienzo una raza maldita. Tampoco por temor a nadie concedías la impunidad a sus pecados. (Sabiduría 12, 11)

  • Por tanto, también a los que inicuamente habían vivido una vida insensata les atormentaste con sus mismas abominaciones. (Sabiduría 12, 23)


"Deus nunca me recusou um pedido". São Padre Pio de Pietrelcina