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Y así gemimos en este estado, deseando ardientemente ser revestidos de nuestra habitación celeste, (II Corintios 5, 2)
¡Sí!, los que estamos en esta tienda gemimos abrumados. No es que queramos ser devestidos, sino más bien sobrevestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. (II Corintios 5, 4)
Así pues, siempre llenos de buen ánimo, sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, vivimos lejos del Señor, (II Corintios 5, 6)
Estamos, pues, llenos de buen ánimo y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor. (II Corintios 5, 8)
Porque es necesario que todos nosotros seamos puestos al descubierto ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba conforme a lo que hizo durante su vida mortal, el bien o el mal. (II Corintios 5, 10)
Por tanto, conociendo el temor del Señor, tratamos de persuadir a los hombres, pues ante Dios estamos al descubierto, como espero que ante vuestras conciencias también estemos al descubierto. (II Corintios 5, 11)
No volvemos a recomendarnos ante vosotros; solamente queremos daros ocasión para gloriaros de nosotros y así tengáis cómo responder a los que se glorían de lo exterior, y no de lo que está en el corazón. (II Corintios 5, 12)
Porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron. (II Corintios 5, 14)
Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. (II Corintios 5, 15)
Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo. (II Corintios 5, 17)
Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. (II Corintios 5, 18)
Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación. (II Corintios 5, 19)