Mosaico decorativo

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  • Y aun sin esto, de un simple soplo podían sucumbir, perseguidos por la Justicia, aventados por el soplo de tu poder. Pero tú todo lo dispusiste con medida, número y peso. (Sabiduría 11, 20)

  • Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces, pues, si algo odiases, no lo habrías hecho. (Sabiduría 11, 24)

  • los odiabas, porque cometían las más nefastas acciones, prácticas de hechicería, iniciaciones impías. (Sabiduría 12, 4)

  • sino que les concedías, con un castigo gradual, una ocasión de arrepentirse; aun sabiendo que era su natural perverso, su malicia innata, y que jamás cambiaría su manera de pensar (Sabiduría 12, 10)

  • por ser desde el comienzo una raza maldita. Tampoco por temor a nadie concedías la impunidad a sus pecados. (Sabiduría 12, 11)

  • Así pues, para aleccionarnos, a nuestros enemigos los flagelas con moderación, para que, al juzgar, tengamos en cuenta tu bondad y, al ser juzgados, esperemos tu misericordia. (Sabiduría 12, 22)

  • También por decretos de los soberanos recibían culto las estatuas. Unos hombres que, por vivir apartados, no les podían honrar en persona, representaron su lejana figura encargando una imagen, reflejo del rey venerado; así lisonjearían con su celo al ausente como si presente se hallara. (Sabiduría 14, 17)

  • Mas tú, Dios nuestro, eres bueno y verdadero, paciente y que con misericordia gobiernas el universo. (Sabiduría 15, 1)

  • Insensatos todos en sumo grado y más infelices que el alma de un niño, los enemigos de tu pueblo que un día le oprimieron; (Sabiduría 15, 14)

  • Por eso, mediante seres semejantes, fueron justamente castigados; una multitud de bichos les sometieron a tormento. (Sabiduría 16, 1)

  • Era razón que aquéllos, los opresores, sufrieran un hambre irremediable, mientras a éstos bastaba mostrarles la clase de tormento que sus enemigos padecían. (Sabiduría 16, 4)

  • a tus hijos, en cambio, ni dientes de serpientes venenosas los vencieron, pues vino tu misericordia en su socorro y los sanó. (Sabiduría 16, 10)


"O amor tudo esquece, tudo perdoa, sem reservas." São Padre Pio de Pietrelcina